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Comida birmana

Desafortunadamente, nosotros no tenemos muy buen recuerdo de la comida birmana, debido a que los cuatro caímos malos una o varias veces a lo largo del viaje debido a intoxicaciones alimenticias, por lo que nos hicimos un cuanto escépticos a probar la gastronomía local. No obstante, y tal y como nos pasó en los otros países asiáticos, aprendimos a apreciar y a valorar la comida birmana según pasábamos más días en el país.

La variedad de la comida birmana es muy amplia y tiene influencias de los países vecinos tales como China, India y Thai. La comida birmana típica se presenta en forma de “hin”: pequeños platos de estofado de carne, pescado y verduras (curries) que se acompañan con sopa, arroz y vegetales crudos. Estos estofados se preparan con abundante aceite para ayudar su conservación a altas temperaturas y protegerlos de las moscas, y nuestro consejo es bien retirar el aceite o bien apartarlo porque tomárselo puede resultar bastante pesado. Los estofados birmanos son bastante especiados y de sabor fuerte, aunque en ningún caso picantes. Los curries de carne suelen ser de pollo y entre los curries de verdura más populares, están los de de patata y berenjena.

Guisos típicos birmanos (con bien de aceite!)

El pescado es un alimento muy común en la comida birmana y suele estar condimentado con “ngapi” un especie de “avecream” hecho a base de concentrado de salazón, gambas y pescado seco de muy intenso sabor.

Sabroso guiso de pescado “bañado” en aceite en Yangón

Pescado del lago Inle

Las verduras se comen tanto cocidas, como en guisos o a la brasa y también crudas y frescas, bien solas o aliñadas con zumo de lima, como esta ensalada de tomates con cacahuetes que tomamos varias veces a lo largo de nuestro viaje.

Ensalada birmana de tomates verdes y rojos

La influencia de la comida india es bastante notable. En Mandalay, encontramos un puesto muy popular con multitud de mesas en la calle, que se montaba todas las tardes en una de las calles del centro y donde se preparaban a diario centenares de chapattis (pan plano estilo indio) acompañados de curries de verduras y cordero. Los ricos chapattis se mojaban en los curries y te servías de ellos para empujar trozos de carne o de verdura. Por cierto, pensamos que el estofado de cordero fue lo que nos hizo ponernos malos la primera vez.

Cenando chapattis y comida birmano-india antes de caer malitos, en Mandalay

Otra especialidad que veíamos sobretodo en las pausas de los viajes de autobus es la comida en bandejas metálicas con distintos cuencos también metálicos conteniendo diversos guisos, sopas, arroz, salsas y diferentes tipos de pickles (verduras en vinagreta), todo por separado, asemejándose al “thali” nepalí.

“Thali” birmano

En Bagan tuvimos la ocasión de probar la pizza birmana, que es tipo pancake, pero bastante más grasiento. Era sabrosa, pero bastante pesada y sobretodo tenía poco de pizza!

Pizza birmana en Bagan

El último día en Yangón, tuvimos la oportunidad de comer el famoso tofu Shan, que esta hecho a base de agua, guisantes amarillos y harina de garbanzos, resultando en una especie de polenta que está delicioso, tanto frito sólo como en pastelitos rellenos.

Tofú “Shan” (tipo polenta)

Pastelitos de tofu rellenos

Finalmente, el plato nacional es la “mohinga”, que es una sopa de fideos de arroz en caldo de pescado de intenso sabor, generalmente consumida para desayunar.

Sopa de noodles birmana

En cuanto a bebidas, los birmanos toman té chino sin azúcar durante las comidas, que suele ser gratuito o incluido en precio del menú. Por el contrario, el té birmano, elaborado al estilo indio, con mucha leche y azúcar, es muy barato y delicioso, ideal para tomar a media tarde en cualquiera de las casas de te, dónde también se pueden degustar diversos aperitivos fritos típicos del país. Suele haber también grande variedad de refrescos, como la rica limonada “lemón sparkling” (en Birmania no hay ningún refresco occidental tipo Coca-Cola, sino que hay imitaciones locales como la Star Cola).

Rica limonada birmana

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Veinticuatro horas en el espejo de Birmania (29-31.01.12)

Como describimos en la última entrada sobre Birmania, la llegada al lago a través de canales rodeados de vegetación que desembocaban a la gran masa de agua fue espectacular y las primeras imágenes de estas aguas tranquilas quedarán grabadas en nuestra memoria para siempre.

Lago Inle, el espejo de Birmania

El lago Inle es el segundo lago más grande de Birmania y tiene una superficie de 116 Km2. El lago se halla en el centro del país, en la bonita y montañosa región donde tradicionalmente han vivido diferentes tribus, destacando entre ellas la tribu Shan. El lago no es sólo un punto geográfico, sino que debido a la fertilidad de sus aguas, sus orillas dan cobijo a una gran comunidad y da nombre a una región entera. El lago se encuentra a unos 900 metros de altitud lo que confiere a la zona un clima fresco y agradable la mayor parte del año. De hecho, la región era uno de los lugares de retiro preferido de los ingleses en la época colonial, cuando querían escapar del tórrido calor de Yangón. Como curiosidad, cabe mencionar que el lago es muy poco profundo, siendo su profundidad media de unos dos metros!

Amanecer en el lago Inle

Pescador afaenando al amanecer

La zona alrededor del lago alberga a unas 70,000 personas, repartidas en cuatro pueblos y numerosas aldeas, y el conjunto de poblaciones alrededor del lago se llama Nyaung Shwe. La mayor parte de la población local vive de la agricultura, ganadería o la pesca, aunque mucha gente se dedica a ser guías turísticos o trabajan en los talleres de souvenirs para turistas.

Durante un paseo en barco por los canales alrededor del lago Inle se pueden ver jardines flotantes típicos de esta zona. La construcción de estos jardines es muy elaborada. Primero es necesario colectar hierbas del fondo del lago, con las que se fabrica un lecho que sirve de base para el jardín. Luego, el lecho se apoya en estacas de bambú que sirven de soporte al jardín. La gran cantidad de nutrientes que hay en el lago hacen estos jardines tremendamente fértiles. Además, como los jardines suben y bajan dependiendo del nivel del agua, son resistentes a los cambios de nivel de las distintas estaciones del año.

Jardines flotantes

No obstante, lo verdaderamente distintivo del lago Inle son sus famosos pescadores, que se caracterizan por su peculiar forma de remar, de pie en un extremo del barco y con una pierna enganchada al remo. Debido a que en el lago abundan las cañas y las hierbas flotantes, la posición de pie les da una posición ventajosa para remar. La silueta de estos pescadores balanceándose sobre los barquitos mientras avanzan por las tranquilas aguas del lago es una imagen inolvidable, sobretodo a la luz del amanecer y del atardecer…

Pescadores en el lago Inle

Preparándose para una jornada de pesca en el lago Inle

Pescador al amanecer en el lago Inle

Pescadores después del atardecer en el lago Inle

A pesar de los trabajos tradicionales, el aumento del número de turistas hace que mucha gente haya abierto talleres de artesanía que se dedican a la elaboración de recuerdos a mano. Entre ellos, cabe mencionar la elaboración de bufandas y chales, la fabricación artesanal de puros o talleres de joyas con grabados. El tejido a mano con fibras de flor de loto es único de la zona del lago Inle y se utiliza para la elaboración de túnicas para imágenes de Buddha.

Fibras de la flor de loto

También se producen en esta zona los típicos bolsos “Shan”, que son tipo zurrones, y que casi todos los birmanos utilizan diariamente como bolsos de mano y bolsos para todo. Las mujeres los utilizan, además de las cestitas de colores, para comprar en el mercado. Los hombres los usan para guardar su kit de nuez de betel e incluso los niños tienen uno, donde meten sus juguetes o el poquito material escolar que tienen.

Vendedora del mercado con el bolso Shan

Las maquinas de tejer son complicadas estructuras de madera que se fabrican a mano. Nosotros visitamos una fábrica de telas en la aldea Inn Paw Khon y tuvimos ocasión de ver cómo se producen las famosas bufandas y pañuelos del lago Inle.

Señora tejiendo en el taller de la aldea en la aldea Inn Paw Khon

Detalle del pie de la señora al tejer

Confección artesanal de telas en la aldea Inn Paw Khon

Detalle de los hilos

La gente del lago vive en casas muy sencillas, normalmente construidas con bambú o con largos postes de madera que se sustentan directamente sobre el fondo del lago. A pesar de su sencillez, a nosotros estas casitas a orillas del lago nos parecieron preciosas…

Casas del lago Inle

Casas del lago Inle

La actividad turística más popular en la zona del lago Inle es un paseo en barco de medio día o un día completo. Los barcos son alargados barcos de madera con un pequeño motor, donde se sitúan sillitas de madera y cojines para los pasajeros, con un máximo de 6 pasajeros por barco. Los paseos por barco, a pesar de ser la actividad que mejor te permite visitar la zona, son a la vez una trampa para turistas, ya que, tanto si vas con guía como si no, los barcos van parando en diferentes talleres donde básicamente te enseñan como se elaboran los productos para posteriormente ofrecerte los distintos souvenirs que producen. Las visitas son interesantes, aunque muchas veces los talleres sólo funcionan por y para los turistas, lo que resta bastante encanto al asunto…

Fabricación artesanal de cigarros

Elaboración artesanal de joyas y souvenirs

Además de los talleres, en nuestro paseo de un día por el lago también visitamos la famosa Pagoda Hpaung Daw, que alberga las cinco imágenes doradas de Buddha. En Birmania, es tradición que los hombres donen finas hojas de pan de oro y las peguen en la superficie de las estatuas de Buddha. Esto ya lo vimos en la Mahamuni Paya de Mandalay, pero no hasta el nivel de los cinco Buddhas de Hpaung Daw. Aqui, los Buddhas estaban totalmente desfigurados por la desmesurada cantidad de hojas de pan de oro que se habían colocado, pareciendo simplemente piedras doradas deformadas. Según nos contaron, el pan de oro sobrante se retira y es vendido como objeto sagrado…

Los cinco Buddhas de la pagoda Hpaung Daw U

La Pagoda Hpaung Daw, al igual que los jardines del lago, también es flotante, y una vez al año, es escenario del festival más famoso del lago Inle. Durante el festival, que dura 18 días, cuatro de las cinco imágenes de Buddha son sacadas en procesión en una impresionante barcaza con forma de pájaro “hintha” (tipo ganso o cisne) que hace un recorrido por el lago. La procesión va parando en cada aldea y cada noche los Buddhas duermen en los monasterios de las distintas aldeas.

La Pagoda Hpaung Daw

Antes del atardecer, también tuvimos tiempo de visitar la colina de las mil pagodas en Inthein. El mercado rotatorio de los cinco días había tenido lugar en Inthein ese día, pero al llegar por la tarde, no encontramos muchos turistas. El paseo hasta lo alto de la colina es agradable a pesar de que los vendedores de souvenirs se sitúan a ambos lados de la escalinata cubierta que lleva a la cima. Al llegar, uno queda impresionado con las vistas de miles de pagodas, cada una de un estilo y una época, algunas derruidas, otras enteras, algunas con recubrimiento dorado, otras cubiertas de yeso y otras simplemente en ladrillo. Aunque el sitio tenía un aire caótico, a mí me pareció de lo más fotogénico y para cansancio de mis compañeros de viaje, me entretuve en sacar algunas fotos como las siguientes:

Colina de las mil pagodas, lago Inle

Colina de las mil pagodas

Y así fueron nuestras 24 horas en el espejo de Birmania…

Nuestra lancha en el lago Inle

Nuestro atardecer en el lago Inle

Ruta a pie de Kalaw al Lago Inle (27-29.01.2012)

La marcha desde Kalaw al Lago Inle fue una de las experiencias más auténticas que tuvimos la oportunidad de vivir durante nuestra visita a Birmania. Se trata de una ruta a pie que durante tres días atraviesa territorios rurales de la zona central del país.

Lo organizamos todo en Kalaw, donde había numerosos guías con los que negociar el recorrido y el precio. Tras hablar con varios guías, finalmente nos decidimos por contratar los servicios de una guía en el “Sam’s family restaurant”. Sam, el dueño, pecaba un poco de arrogancia, síndrome de la Lonely Planet, y no nos causó muy buena impresión al principio. Sin embargo, nuestra guía era su “sobrina” Sanmya, una chica encantadora de 19 años, estudiante de filosofía en la universidad y guía en sus meses de vacaciones.

Los cuatro con nuestra joven y encantadora guía, Sanmya

Desde el primer encuentro se disiparon nuestras dudas respecto a los problemas de comunicación con Sanmya, ya que esta dominaba perfectamente el inglés, además de la mayoría de los idiomas locales, ya que ella misma era de la tribu Pa-O y se había criado entre gentes de otras tribus de la zona, como Pa Daung, Pa Laung, Danu y Pa-O.

Gonzalo e Iván en el principio de la ruta

Junto con Sanmya, también iba con nosotros un cocinero, que aunque más tímido que ella, fue muy servicial y atento con nosotros durante toda la ruta, ganándose nuestra simpatía desde el primer minuto. De hecho, sus comidas fueron de largo las mejores que disfrutamos en Birmania!!!

Encuentro con búfalos de agua

Aunque la zona es de cierta belleza escénica, el principal interés de esta marcha es del tipo cultural, ya que durante la ruta es posible visitar aldeas tradicionales y gracias a nuestra guía, para nosotros también fue posible interaccionar con la gente de estas aldeas. Cada vez que nos cruzábamos con campesinos, Sanmya se encargaba de que nos saludáramos e iniciáramos, a través de ella, alguna conversación.

Pueblito donde paramos a comer el primer día

Y es aquí donde radica la belleza de este viaje, ya que el sentimiento de conversar con una persona que nunca ha salido de su aldea y que te mira como si hubieras salido de otro planeta es indescriptible! Las señoras solían ser más habladoras, y varias nos comentaron que a ellas también les encantaría poder viajar y conocer otros países, si tuvieran la oportunidad. Lo mejor de esta gente era su sencillez, cercanía y naturalidad, que te hacían sentir bien incluso aunque no pudiéramos entendernos en el mismo idioma.

Coloridas flores de la campiña birmana

Aunque si por algo destaca la gente que conocimos durante la ruta es por su ejemplar hospitalidad. Al principio nosotros creíamos que la ruta estaba pactada con las familias donde se nos acogía, tanto para comer como para dormir. Pero hablando con Sanmya más adelante averiguamos que esto se decidía sobre la marcha, y todos nuestros anfitriones nos aceptaban en voluntad propia, muchas veces sin recibir ni esperar nada a cambio. Nos abrían las puertas de sus casas, ofrecían los mejores sitios e intentaban en todo momento que estuviéramos a gusto y no nos faltara de nada.

Fantástica pareja de abuelitos que nos acogieron de maravilla en su casa

Una de las personas que más ternura nos inspiró fue el viejito de la casa en la que paramos a comer y descansar durante la primera jornada, en una aldea de la tribu Danou. El hombre debía tener unos setenta u ochenta años y en su cara lucía una sonrisa casi constante. Cuando llegamos estaba en la puerta de la casa, y enseguida nos invitó a que pasáramos dentro, ya que era mediodía y fuera hacía un sol de justicia. Ya en el interior, disfrutó enseñándonos las fotos familiares que colgaban de las paredes del cuarto principal, explicándonos en su idioma y con gestos quien salía en cada foto, los años que tenía este o el otro y las relaciones entre ellos. Su capacidad expresiva era impresionante y quedamos alucinados de la cantidad de información que pudimos intercambiar con él sin tener ningún idioma en común.

El viejecito encantador con su querida botella de agua

Una de las anécdotas más curiosas que nos ocurrieron con este viejito, fue que, al pedirnos que le hiciéramos una foto se empeñó en salir en ella junto con la botella de agua que nosotros llevábamos: una botella pequeña de plástico de las de “usar y tirar”, algo que normalmente nosotros no apreciamos porque forma parte de nuestra sociedad de consumo, pero que para este viejito birmano representaba un objeto valioso que no está al alcance de su mano.

Siestorra memorable

Tras terminar de comer, Sanmya nos dijo que podíamos descansar un poco antes de retomar la ruta, así que le preguntamos si podíamos aprovechar para echar una siestecita, algo que nos sentó de maravilla!

Colegio al que Sanmya nos llevó para que visitaramos

Tras la siesta, Sanmya nos llevó a visitar el colegio de la aldea. Las instalaciones del colegio eran muy básicas, aunque parecía que los niños disfrutaban de estar allí con la profesora y de aprender. Al principio los pequeños se mostraron muy tímidos, pero tras unos minutos de intercambio de sonrisas, no dudaron en jugar con nosotros y se deleitaban al verse en los videos que Alicia hacía de ellos.

Colegio al que Sanmya nos llevó para que visitaramos

Niños del cole cuando cogieron un poco más de confianza

Por la tarde, atravesamos parajes color tostados a través de suaves colinas. De cuando en cuando hacíamos descansos que Sanmya aprovechaba para contarnos que era tal o cual cultivo y anécdotas como la de las cabañas de recién casados: unas chocitas en medio de los campos de cultivo donde las parejas de recién casados pasaban sus primeras noches como marido y mujer para conocerse en un ambiente tranquilo y relajado, una especie de luna de miel estilo birmano!

Vista del paisaje que atravesamos durante la tarde de la primera jornada

Encuentro con el grupo de mujeres recolectando trigo

Campesina birmana recolectando trigo

Antes del atardecer, nos encontramos con un grupo de mujeres que estaban recolectando trigo. Como siempre, nuestra simpática guía nos hizo de interprete y estuvimos conversando largo rato con ellas. Luego, incluso nos dejaron probar a cortar las espigas, con lo que comprobamos lo dura que debe ser hacer esta tarea durante tantas horas, sobretodo para la espalda. Nosotros sólo teníamos unos dulces en la mochila, y cuando se los ofrecimos a estas mujeres, éstas los aceptaron tímidamente con una sonrisa.

Espigas de trigo dorándose al sol

Alicia con el manojo de trigo segado por ella misma

Justo después de la puesta de sol, llegamos a la aldea donde pasaríamos la noche. Sanmya nos explicó que esa noche dormiríamos en casa de una familia Pa-O. Cuando llegamos, quedamos impresionados con lo grande que era la casa, donde nos habían preparado un trocito de salón para que durmiéramos. La familia eran unos cinco o seis miembros, aunque a cenar también vinieron algunos amigos y vecinos suyos, así que nunca nos quedó realmente muy claro cuantos eran en la casa.

Con la familia de la primera noche, divirtiéndonos con música alrededor del fuego

Tras la cena, todos alrededor del fuego, pasamos una velada muy agradable todos juntos. Gonzalo les tocó unas canciones con la flauta y los birmanos hicieron lo propio con una guitarra. Además, Sanmya servía como hilo para la conversación entra la familia y nosotros y aunque no podíamos hablar directamente, nos sentimos como en casa en todo momento.

Sanmya poniendome el thanaka

A la mañana siguiente, Sanmya se empeñó en vestirnos con el traje tradicional de los Pa-O y de pintarnos la cara con el maquillaje típico birmano, el thanaka. Aquí dejo un par de fotos para que veáis que pintas!

Ajustando los turbantes, que eran como toallas muy pesadas! Atención a los chiquillos mirando desde la terraza

Alicia y yo ataviadas como auténticas mujeres Pa-O

Detalle del thanaka y de los coloridos turbantes Pa-O

Auténtica pareja Pa-O

Iván y Gonzalo no pueden con la risa al ser ataviados con las toallas en la cabeza

Los cuatro ataviados con vestimenta Pa-O

Las mujeres de la aldea nos miran divertidas al ser vestidos con sus trajes tradicionales

Después de estos momentos en los que toda la aldea se deleitó al veros vestidas con sus trajes tradicionales, nos despedimos de la familia y emprendimos el segundo día de ruta.

Chiquillos a los que les dimos las gorras con su papa trabajando el bambú

Iván y yo posando en uno de los bonitos paisajes por los que pasamos

Así se cultiva el genjibre!

Chiles secándose al sol

Al mediodía llegamos a una aldea de la tribu Pa-O y como ya era costumbre, Sanmya pidió a una familia si podíamos cocinar y comer en su casa. Inmediatamente la casa se llenó de niños curiosos, no sólo los de la casa, sino los amigos y vecinos. Quitando los hombres que estarían labrando el campo, el resto de gente de la aldea se congregó en la casa y nos miraba curiosa. El hielo se rompió cuando Iván y Gonzalo empezaron a enseñar videos del ordenador a los niños y Alicia les mostraba videos de ellos mismos que había grabado previamente!

En la hora de la comida, el ordenador y la cámara captan la atención de los más pequeños

Yo entretanto, me fui a sentar con Sanmya a la habitación contigua que hacía las veces de cocina, donde ella estaba sentada con un grupo de mujeres y sus bebés. Los pequeños tenían la parte de abajo de la nariz y los labios agrietados por la sequedad, y nosotros les ofrecimos un poco de vaselina en un tarrito, para que la usaran en ese momento, pero también para que se la quedaran para más adelante. Además les ofrecimos algunas medicinas tipo ibuprofeno para el dolor de cabeza o de muelas. Lo que más nos marcó fue que la señora de la casa preguntó que cuanto nos debía, ya que no podía creer que de verdad le estuviéramos regalando algo tan caro, nos dijo. Nosotros le contestamos que era lo mínimo que podíamos hacer para devolverle su generosidad para con nosotros y en ese momento desee estar en España y poder comprarle a esta familia muchas de las cosas que para nosotros son de uso común, pero que a ellos les vendrían increíblemente bien.

Preciosa chica Pa-O cuidando al niño de una vecina

Al observar los carros tirados por bueyes, parecía como abrir una puerta al pasado

Como el día anterior, llegamos a nuestro destino justo después de la puesta de sol. Esta noche, nuestro alojamiento era el pequeño monasterio de Parktupork, en una aldea de la tribu Taung Tu, que acogía a los viajeros a cambio de un donativo. Dentro del monasterio, nos habían preparado una “habitación” con unas sábanas colgadas formando un pequeño cuarto. Era muy acogedor, todo iluminado con la luz de las velas, así que, aunque estábamos con un par de grupos más dentro del monasterio, nos sentíamos prácticamente a nuestro aire! Aunque lo peor era que la gente hacía hogueras dentro del monasterio, lo que llenó toda la estancia de humo y hacía difícil respirar por momentos! Después de cenar una de las deliciosas comidas que nuestro cocinero preparaba, nos retiramos a nuestro “cuarto” a charlar y beber unas cervezas, mientras estos se fumaban unos ricos puros birmanos que ya habíamos probado por primera vez la noche anterior!

Monasterio donde nos quedamos la segunda noche (al fondo se ven las “habitaciones”)

Monasterio de la segunda noche, a la mañana siguiente

A la mañana siguiente, nuestro cocinero nos preparó, con ayuda de Sanmya, un desayuno riquísimo que tomamos dentro del monasterio. Tras desayunar y recoger todo, nos pusimos en marcha para el último día de ruta. Nos despedimos de nuestro cocinero, que regresaba a Kalaw ya que había dado tuppers a Sanmya con nuestra última comida de la ruta.

Este tercer y último día se hizo algo duro debido al calor y a los terrenos secos y polvorientos por los que pasamos.
Uno de los momentos más agradables fue el encontrarnos con este árbol gigante bajo cuyas extensas ramas nos tomamos un pequeño descanso.

Hermoso árbol gigante donde hicimos una pequeña pausa

Finalmente, y tras atravesar un espeso bosque de bambú y pagar la tasa turística por entrar a Inle, llegamos al famoso lago! Y la primera impresión no pudo ser mejor! Después de haber estado en terrenos secos y polvorientos, la visión del agua azul y cristalina nos pareció el paraíso!

Llegada al Lago Inle!!!

Desde aquí queremos agradecer a Sanmya y a nuestro cocinero, cuyo nombre desafortunadamente no recordamos, por todos sus cuidados y atenciones hacia nosotros durante estos tres días. Gracias a ellos esta ruta fue una de las mejores experiencias que tuvimos en Birmania, y la única donde de verdad pudimos ver cómo viven los birmanos del entorno rural e interaccionar un poquito con estas encantadoras gentes.

Kalaw and Pindaya (25-27.02.12)

Tras trés días en Bagan, llegó el momento de trasladarnos a nuestro siguiente destino: el pequeño pueblo de Kalaw, desde donde comenzaríamos la ruta a pie de tres días hasta el lago Inle. Pero antes había que llegar a Kalaw, y el único autobus diario estaba lleno debido a la cantidad de turistas que había en Birmania en ese momento. Qué hacer? Bien, la simpática dueña de nuestro hotel de Bagan nos dijo que una buena opción era ir en autobus a un pueblo a mitad de camino (Meiktila) y desde allí montarse en otro autobús hacía Kalaw. Así que eso hicimos! El viaje en el primer autobus se nos dio bastante bien, aunque Gonzalo, Alicia e Iván no se encontraban muy bien del estómago debido a las comidas birmanas. Yo caí la primera en Mandalay, pero desde ese fatídico día, afortunadamente no había vuelto a tener problemas, y ya prácticamente comía de todo otra vez.

Cara de malitos

No obstante, al llegar a Meiktila, nos dimos cuenta de que no había autobuses hasta Kalaw, sino una especie de camionetas privadas que salían cuando se llenaban, y cuando digo se llenaban, quiero decir, se petaban hasta la bandera, porque eso significaba más dinero para el dueño de la camioneta, sin importar la seguridad y mucho menos, la comodidad de los pasajeros. En Meiktilá pasamos un mal rato debido a que teníamos la sensación de que todos nos querían timar con el precio del viaje, pero al final llegamos a un acuerdo y al cabo de una hora se llenó y salimos dirección a Kalaw.

Compañeros de viaje en la camioneta

Como anécdota, recuerdo que mientras esperábamos en Meiktila, a Alicia y a mí nos entró ganas de ir al baño y cuando preguntamos por el “toilet” a una chiquilla, refiriéndonos obviamente a algún baño público, ella nos indicó que la siguiéramos y nos llevó hasta su casa, invitándonos a usar su propio baño! Alicia y yo nos sentimos un poco avergonzadas porque era una familia muy humilde y vivían en la pobreza, pero no supimos rechazar la generosidad de aquella chiquilla y aceptamos. Me acuerdo que Ali y yo salimos alucinando de que la gente viviera con tan poco y en aquellas condiciones, y que aún así mostraran mucha más generosidad y amabilidad a los extranjeros que la que tenemos en Europa…

El viaje más incomodo y a la vez más divertido de nuestros cinco meses de viaje

Buscando alternativas para ir un poco más cómodo en la camioneta

Al principio en la parte de atrás de la camioneta eramos nosotros cuatro y una pareja con su hijo de pocos meses, pero poco a poco se fue llenando (la camioneta iba parando en el camino y recogiendo a más pasajeros) hasta que también se llenó la baca del techo de la camioneta. Aparentemente, en Birmania no es políticamente correcto que las mujeres se monten arriba, pero a mí no me importó y ya que la parte de abajo era bastante incómoda y claustrofóbica, fui allí subida una buena parte del viaje. Aún así, los pasajeros de la baca me recibieron amablemente y aunque ninguno hablaba inglés, nos comunicamos bastante bien con gestos y amenizamos mucho el viaje.

Las famosas sandias que se me antojaron

En una de las paradas, había gente vendiendo sandías debajo de un gran árbol, y se me antojó comprarles una. Al principio estos no querían comprarla porque no sabían con qué la íbamos a poder partir, pero afortunadamente, uno de mis compañeros de baca tenía un machete a mano y nos ayudó con la tarea. Y qué rica nos supo a todos la sandía, una de las más sabrosas que hemos probado! Por una vez y sin que sirva de precedente, mi cabezonería resultó en una buena idea!

Nuestro amigo el del machete

Disfrutando la sandía con todos los pasajeros de la camioneta

Finalmente llegamos a Kalaw cuando ya era casi de noche y completamente cansados, con lo cual, sólo salimos para ir a cenar a un restaurante que llevaba una familia india en la calle principal del pueblo y luego nos fuimos directamente al hotel a dormir.

Al día siguiente, Gonzalo se encontraba mal y Alicia decidió quedarse con él. Iván y yo, sin embargo, nos unimos a un par de coreanas que habían alquilado un coche para ir al cercano pueblo de Pindaya, donde ese día se celebraba el mercado rotatorio de cinco días – cada día el mercado va rotando de pueblo y se va celebrando en cada uno de los cinco pueblos principales de la zona.

El viaje entre Kalaw y Pindaya dura aproximadamente una hora y pasa por parajes bastante secos de colores terrosos, muy diferentes a los que vimos el día anterior entre Meiktila y Kalaw, con mucho valle, colinas y frondosa vegetación, sobretodo llegando a Kalaw.

Campiña seca entre Kalaw y Pindaya

Al llegar a Pindaya, nuestro conductor nos dio un par de horas para explorar el mercado, que a esa hora del mediodía estaba en plena ebullición!

Mercado de Pindaya, uno de los más interesantes que hemos visitado en Asia

El mercado nos encantó y nos pareció uno de los más activos, coloridos y auténticos de todo el sudeste asiático! El mercado se extendía por todo el centro del pueblo, y los puestos estaban tan cerca unos de otros que formaban una intricada red de estrechos corredores. Había muchísima gente, sobretodo señoras con la cara pintada con el tradicional maquillaje birmano, el thanakha, que se desenvolvían con soltura entre los puestos de fruta, verdura y pescado seco.

Vendedora del mercado de Pindaya

Frutas y verduras frescas, junto con pescado seco, son las estrellas del mercado de Pindaya

Las mujeres son las protagonistas del mercado

Además de quedar fascinados al ver tanta actividad y tanto recorrido, aprovechamos para comprar un par de cosillas que nos hacían falta, como chaquetas de segunda mano para Gonzalo e Iván, y sendos pijamas de franela, super típicos en Birmania, donde la gente hasta los usa para ir por la calle a veces, para Alicia y para mí. Yo quería que los pijamas fueran cuanto más horteras mejor, así que combiné una parte de arriba morada con una parte de abajo verde, ambas con dibujos de animalitos. Además, convencí a Iván para comprar una cestita de las que llevan en Birmaia las señoras para hacer la compra como souvenir para llevarnos a casa!

Con el pijama birmano

Cestitas birmanas

Tras el mercado, fuimos a visitar una de las cuevas más famosas de Birmania: las cuevas de oro de Pindaya. La entrada de las cuevas es ya impresionante de por sí, con un elevador de 60 pisos que te sube hasta la entrada, o bien una larguísima escalinata con tejados para proteger del sol para los peregrinos con más energía.

Entrada a la cueva de Pindaya

Las cuevas de Pindaya son famosas por la colección de estatuas de Buddha que albergan. Se dice que hay más de 8000 estatuas, aunque no creemos que haya un recuento oficial de cuantas hay exactamente. Lo que sí es verdad es que impresiona! Las hay de todos los tamaños, materiales (alabastro, madera, laca, etc), estilos y acabados, aunque predominantemente doradas. Si no prestas atención, no es difícil acabar perdido entre pasillos y pasillos llenos de Buddhas!

Entrada a la cueva de Pindaya

Miles de estatuas de Buddha en la cueva de Pindaya

Las estatuas de Buddha han sido donadas por todo tipo de personas y organizaciones, no sólo de Birmania sino también a nivel internacional. Los donantes tienen todo tipo de orígenes como este donado por el grupo de la lucha anti narcóticos de Tailandia.

Estatua de Buddha donada por el grupo de la lucha anti narcóticos del Gobierno de Tailandia

Si no me falla la memoria, hay un total de tres grandes cuevas en Pindaya. La segunda alberga a este gran Buddha de estilo Shan (tribú birmana) que se caracteriza por su elaborada decoración en forma de joyas y en el traje. Como curiosidad, este Buddha está acariciando a un pequeño elefante con su mano derecha.

Gran estatua de Buddha en la segunda cueva de Pindaya

Shan style Buddha estatue

Antes de volver a Kalaw, hicimos una visita a una fábrica artesanal de sombrillas de papel (un producto muy típico de Birmania, y bastante utilizado, sobretodo por los monjes). La visita fue muy interesante, ya que la simpática familia que llevaba la fábrica nos enseño el proceso completo de producción, desde la elaboración del papel hasta el montaje de las sombrillas y la decoración de las sombrillas ya casi terminadas. Las sombrillas se producen con materiales locales, de manera artesanal 100% mediante un proceso muy ingenioso y que funciona.

Proceso de elaboración del papel

Fabricación de las partes de madera de las sombrillas de papel

Ensamblaje de las últimas partes de las sombrillas

Simpática dueña de la fábrica artesanal de sombrillas de papel

Finalmente, regresamos a Kalaw para el atardecer. Iván se fue a descansar un poco al hotel, pero yo preferí darme una vuelta por Kalaw ya que nos marchábamos al día siguiente y sólo conocía la calle principal del pueblo.

Calle principal de Kalaw

Bueno, la verdad es que Kalaw es muy pequeñito y no tiene mucho que ver, pero gracias a la simpatía de la gente, como en el resto de Birmania, uno se siente muy a gusto y bienvenido. Lo primero que hice fue sentarme en una de las teterías del pueblo a beberme un té acompañado de uno de los famosos fritos tan típicos de estas teterías.

Casa de té en Kalaw

Menú típico de una casa de te en Kalaw

Después me di una vuelta por el mercado y compré unos frutos secos que a Iván le gustan mucho. Aunque ya era tarde y el mercado estaba casi cerrando, había un buen ambiente y tanto vendedores como compradores me dedicaban una sonrisa y los que hablaban un poco de inglés, enseguida intentaban entablar conversación conmigo. Eran todos encantadores!

Puesto de frutos secos del mercado de Kalaw

Justo antes de la puesta de sol, subí al monasterio que se situa en la parte más alta de Kalaw para disfrutar de las vistas del pueblo, antes de reencontrarme con Alicia, Gonzalo e Iván para ir a cenar.

Vista de Kalaw desde el monasterio

Paseo en globo sobre los templos de Bagan (24.02.12)

Hoy en día quedan unos 2200 monumentos en la planicie de Bagan, además de las numerosas ruinas y evidencias de estructuras pasadas, que suman otros cientos de monumentos más. Terremotos, inundaciones e invasiones han destruido la mayor parte de los templos y aunque estos pueden haber perdido parte de su carácter original, la atmósfera de Bagan y sus templos aún es tan especial que cada amanecer y atardecer en su planicie parece un sueño.

Una de mis fotos favoritas…me hace soñar con estar otra vez allí!

Los templos de bagan son monumentos budistas de los siglos XI y XII. A diferencia de los templos de Angkor Wat, Cambodia, los templos de Bagan se encuentran en una amplia planicie lo que permite obtener bonitas vistas desde el aire. El viaje en globo es por este motivo una actividad muy recomendable.

La bruma y la luz se combinan para crear un ambiente mágico

A pesar de ello, esta vez yo fui la única que se animó al viaje en globo, y no por falta de ganas de Alicia, Gonzalo e Iván, sino porque la verdad es que la actividad era bastante cara (270 USD o 220 EUR por 50 minutos de vuelo, duración total de la actividad: 3 horas). No obstante, yo decidí tirar la casa por la ventana y probarlo ya que desde que de pequeñita veía la serie de dibujos animados “Willy Fog”, siempre había querido probar a montar en globo, y qué mejor sitio que uno de los lugares más bonitos del Sudeste Asiático.

Un globo lejano y la luz del amanecer

Reservé la actividad en una agencia de viajes de Yangon, junto al mercado Bogyole, al día siguiente de nuestra llegada a Birmania. Había insistido en un vuelo al amanecer, porque al parecer, las probabilidades de que cancelen los vuelos del atardecer son más altas y las condiciones para volar suelen ser mejores por la mañana temprano que por la tarde. La empresa que realiza los vuelos en globo en Bagan se llama Balloons Over Bagan (no, muy imaginativos no fueron con el nombre, jeje) y por mi experiencia puedo decir que son muy profesionales.

El itinerario fue más o menos el siguiente:

5:45 am Recogida desde los hoteles, traslado a la zona de despegue, bienvenida con te y pastas y charla de seguridad mientras se hinchan los globos.

Preparando los globos

Recuerdo que lo que más me impresionó es el tamaño y la altura de los globos! Aunque alguna vez había visto algunos en el aire, tenerlos de cerca realmente te hace darte cuenta de los grandes que son e impresionan bastante!

Casi listos

Mientras se hinchaban los globos, hablamos con nuestro piloto, un inglés de unos 40 años, sobre cuestiones de seguridad y funcionamiento básico del globo. En cada cesta cabíamos un máximo de 16 personas, 8 en cada lado y el piloto en medio. Durante el vuelo, el globo va girando para que todo el mundo pueda disfrutar de las mismas vistas.

Llegó el momento del despegue: agárrense!

6:30 Despegue justo con las primeras luces del amanecer. El sol está saliendo mientras ascendemos. Se vuela durante unos 50 minutos y se aterriza en distintos sitios según el aire que haga ese día. El piloto se comunica con su equipo por “walkie talkies” y GPS para acordar el lugar de aterrizaje.

Al contrario de lo que me esperaba, el ascenso del globo no me dio nada de impresión, ya que se hace bastante despacio y al principio sólo se suben unos 10 o 20 metros. Además, el piloto era bastante explicativo y contestaba paciente todas nuestras dudas y preguntas sobre el globo.

Amanece en la planicie de templos de Bagan

La salida del sol sobre la bruma que cubría los templos es una imagen que tengo grabada en mi memoria como una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. Fue realmente espectacular: una luz mágica y la belleza de los templos que se entreveían a través de la niebla matinal.

Vista aérea de los templos al amanecer

Templos de Bagan desde el globo

Poco a poco, la grandiosa luz del sol fue inundando toda la planicie y ante nuestros ojos se desvelaron los detalles y colores terrosos de los bonitos templos, junto con el verde de los escasos arboles y algún que otro pequeño lago que completaba con su azul la paleta de colores del paisaje de Bagan.

Vista de pájaro sobre la planicie de Bagan

El templo de Sulamani es una de las atractiones principales de Bagan. Su mismo nombre significa “joya de la corona” o “pequeño rubí”. El templo era el edificio principal de un complejo de templos y data del periodo tardío (1170-1300) de la época de construcción de los templos Bagan. Combina su masiva verticalidad con elementos de monumental horizontalidad en una gran pirámide de ladrillo rojo, destacando el detalle de su enladrillado, combinado con uso de piedra en las esquinas más vulnerables. En el interior se pueden observar bonitos frescos de los siglos XII a XIX.

El inconfundible templo de Sulamani

Vista de pájaro de uno de los templos de Bagan

El masivo templo Dhammayangyi, que se extiende una distancia de 75 metros en cada uno de sus cuatro lados, es el santuario más grande de Bagan. Se cree que data de siglo XII aunque la historia de su construcción es controvertida e intrigante, desconociéndose el constructor y no pudiendo ser terminado. El plano del templo asemeja una cruz griega parecida a la del templo Ananda Pathto, elevándose sobre la cual una pirámide que acoge seis monumentales terrazas. Su trabajo de enladrillado, finamente trabajado, es probablemente el más elaborado de todo Bagan.

Dhammayangyi, el templo más imponente de Bagan

7:15. Aterrizaje. El equipo de Balloons Over Bagan está listo previa conversación con nuestro piloto sobre donde aterrizaríamos y nos espera con el desayuno preparado -croissants, fruta y champagne. Nos ofrecen postales y una gorra gratis, además de los souvenirs de los simpáticos, aunque un poco pesados vendedores ambulantes que rodean la zona e intentan vendernos sus productos.

Desayuno con croissants, fruta y champagne tras el aterrizaje

El vaciado de los globos se hace a través de un curioso mecanismo, la parte superior del globo despegandose del resto para vaciarlo de aire, creando una bonita composición:

Mecanismo para deshinchar el globo

Deshinchando el globo

8:45 Las camionetas nos llevan de vuelta al hotel

Para finalizar, una curiosidad: las camionetas que Balloons Over Bagan utiliza para recoger y dejar a los pasajeros son viejas Chevrolet que fueron abandonadas después de la guerra y remodeladas por ellos para poder ser utilizadas de nuevo. Bueno, remodeladas remodeladas, no, ya que las furgonetas son bastante básicas, aunque acordes con el resto del complejo de templos de Bagan: en su antigüedad radica su magia.

Furgoneta de Balloons Over Bagan

Furgoneta de Balloons Over Bagan

Los templos de Bagan (23-25.02.12)

El barco llegó a Bagan alrededor de las 7pm…Ya era noche cerrada, pero sabíamos que la distancia al hostal no era mucha, y como además éramos cuatro, decidimos ir andando desde el embarcadero. Mi primera impresión del May Kha Lar no fue muy buena. Las habitaciones que nos dieron no estaban muy limpias y las luces fluorescentes no eran muy acogedoras. No obstante, este hostal me acabó encantando, tanto por hermosa terraza en el piso superior, donde se servían los desayunos, como por su simpática y amable propietaria, que nos ayudó muchísimo a reservar nuestros billetes de autobús y alojamiento en nuestro siguiente destino (Inle Lake). Lo mencioné en la entrada de Mandalay y lo repito ahora: Myanmar es un país que actualmente está teniendo un boom turístico y como la ruta que hacemos casi todos los turistas, es, salvando pequeñas variaciones, prácticamente la misma, los hostales más populares se llenan en seguida y es muy recomendable reservar con antelación. Por eso, siempre que llegábamos a un lugar nuevo (y a veces incluso antes) lo primero que hacíamos era comprar los billetes de autobús y reservar el alojamiento en el siguiente destino.

Terraza del hostal May Kha Lar en Bagan

Bagan es el nombre que se le da a la zona en general, pero dentro de ella, hay tres pueblos distintos: Nyaung U, Antiguo Bagan y Nuevo Bagan. Nyaung U es de las tres opciones la que representa un mejor compromiso entre la calidad/precio del alojamiento, restaurantes y distancia a los templos. En la zona de Antiguo Bagan (donde están los pueblos) hay sobretodo resorts de lujo y la zona de Nuevo Bagan es la que más a desmano pilla para visitar los templos. Nosotros elegimos quedarnos en Nyaung U y la verdad es que a mí me encantó. Es un pueblo de prácticamente dos calles y hay zonas que parecen un poco demasiado preparadas para los turistas, pero el ambiente es tranquilo y agradable.

Vista aérea de Bagan

Nuestra primera noche en Bagan cenamos en un restaurante justo al lado de nuestro hostal donde la especialidad eran las “pizzas birmanas”. “Esto lo tenemos que probar!”, nos dijimos, así que cada uno de nosotros se pidió una. Las pizzas nos decepcionaron un poco por ser muy grasientas y sin mucho sabor, y ninguno de nosotros pudo acabársela, así que guardamos las sobras para el día siguiente (creo que al final se las acabó comiendo Gonzalo en un momento de mucha hambre) y nos “recogimos” porqué estábamos muertos de las 15 horas de barco.

Los momentos más bonitos en Bagan son los amaneceres y los atardeceres, cuando los primeros o últimos rayos del sol iluminan los miles de templos hasta más allá de donde alcanza la vista y nos deleitan con una de las vistas más inolvidables del sudeste asiático e incluso me atrevería a decir, del mundo. Como diría Iván, son momentos de belleza épica, donde uno se siente emocionado ante el espectáculo que tiene delante. Pero qué mejor forma de explicároslo que poniendo unas fotos de esos momentos:

Nuestro primer amanecer en Bagan

Nuestro primer amanecer en Bagan

Nuestro primer amanecer en Bagan

Para nuestro primer amanecer, decidimos ir a un templo que nos habían recomendado en el hostal, que se suponía tranquilo en cuanto al número de turistas que iban (hay un par de templos que por ser los más altos, son los que concentran a un mayor número de turistas, y hace que la experiencia pierda parte de la magia). No obstante, no tuvimos suerte y nos juntamos con un grupo de coreanos, que no eran precisamente de lo más discreto. Se dedicaron a hablar en alto y sacar fotos continua y ruidosamente, hasta que Alicia dijo su famosa frase: “SILENCE, OSTIA” y entonces conseguimos un poco de silencio!

Los cuatro aún con caras de dormidos después de ver el amanecer

Bagan es uno de los cuatro lugares más turísticos de Birmania, pero afortunadamente, aún conserva el aire rural que lo hace tan atractivo y especial para los que venimos de fuera. Una de las vistas más comunes es la de los campesinos en carros tirados por bueyes, cruzando los caminos de tierra alrededor de los templos.

Carro de bueyes típico de Bagan

Probablemente lo que más me gustó de Bagan es que es uno de esos lugares que es posible visitar en bici. Nosotros alquilamos cuatro bicis en nuestro hotel y recorrimos la zona a dos ruedas durante dos días. Y lo mejor era, que al no tener que depender de un coche de caballos o de un autobus, podíamos ir a nuestro ritmo, decidir donde queríamos ver el amanecer y el atardecer cada día, y cuanto tiempo nos queríamos quedar. De hecho, lo más especial de estos momentos, sobretodo del atardecer, era esperarse un ratito después de que se hubiera puesto el sol, cuando los demás turistas ya se habían marchado y de repente teníamos el templo y las vistas para nosotros solos. Caminar en la oscuridad entre los templos también tenía su punto aventurero aunque la luz de la luna siempre nos ayudaba a encontrar el camino de vuelta.

Después del amanecer, y antes de ir a desayunar, nos pasamos por el templo de Ananda, uno de los monumentos más famosos de Bagan. El templo, que data del año 1105, es uno de los cuatro templos “supervivientes” de Bagan, también conocido como la “Abadía Westminster de Birmania”.

Templo de Ananda

Lo más impresionante de este templo son las cuatro estatuas de Buddha en madera de teca cubiertas de pan de oro. Cada estatua está situada en un punto cardinal y representan cuatro estados del Nirvana. Tan sólo las estatuas del Norte y del Sur son originales, mientras que las otras dos son copias después de que las originales se quemaran en varios incendios.

Monje rezando en frente de uno de los Buddhas del templo del templo Ananda

La estatua más especial es la estatua original del lado Sur, ya que se dice que de cerca, su expresión es de pena, mientras que de lejos, da sensación de alegría.

Estatua de Buddha en la cara Sur, templo de Ananda

Por la tarde, Alicia y Gonzalo decidieron irse a descansar al hotel, mientras que Iván y yo continuamos visitando algunos templos. Entre los que más nos gustó estaba este templo con pinturas antiguas que había que visitar con linternas. Ir descubriendo las viejas pinturas al enfocar con la luz fue una experiencia única!

Antigua pintura en un templo de Bagan

Por la tarde, habíamos quedado con Alicia y Gonzalo para ver el atardecer en el templo de Thabeik Hmauk, uno de los recomendados por la gente de nuestro hotel por ser bastante tranquilo. Al llegar allí, nos encantó el hecho de que la familia que cuidaba el templo nos enseñara el camino a la parte de arriba, para llegar al cual había que atravesar pasillos y estrechas escaleras a oscuras, para luego salir a la luz y sorprenderse con unas vistas impresionantes.

Vistas desde el templo de Thabeik Hmauk

Vistas desde el templo de Thabeik Hmauk

Las cuidadoras del templo, a pesar de no hablar ni una palabra de inglés, eran encantadoras y estuvieron bastante tiempo “hablando” con nosotros por medio de gestos. Una de ellas era una chica jovén guapísima que nos dejó sacarle unas fotos, como esta que pego aquí abajo:

Cuidadora del templo Thabeik Hmauk

Y bueno, del atardecer, pues no hay palabras…Aunque llegó más gente según se iba acercando la puesta de sol, se puede decir que estuvo bastante tranquilo, y lo disfrutamos muchísimo. Aquí os dejo un par de fotos de las vistas desde el templo en el que estábamos:

Atardecer en el templo de Thabeik Hmauk

Atardecer en el templo de Thabeik Hmauk

Al día siguiente por la mañana, yo tuve el viaje en globo, que contaré en una entrada a parte. Luego volví al hotel para desayunar con estos y sobre las 11 y pico ya estábamos listos para otro día en Bagan. Este día nos lo tomamos con calma porque hacía bastante calor, así que pasamos las horas de más achicharre en un puestecito, bebiendo zumo de coco y picando algo.

Aún afectados por el calor, nos dio por hacer un poco el tonto y hacer carreras de bici y unas cuantas fotos de saltos en frente de varios templos. Aquí os dejo una de las fotos más graciosas, donde cada uno parece una letra distinta!

Adivinad qué letra es cada uno!

Esa tarde, habíamos decidido ir a ver el atardecer en Bagan en uno de los templos más turísticos, pero también el que cuenta con la terraza más grande de todos: el templo de Pyathada. Este templo nos impresionó por su gran tamaño antes de subir, pero sin duda, lo más increíble era su enorme parte superior, desde donde se disfrutaban 360 grados de impresionantes vistas!

Templo de Pyathada

Antes de la puesta de sol, aprovechamos el magnifico escenario para hacernos unas cuantas fotitos en la terraza del templo de Pyathada:

Iván y Sonso en el templo Pyathada

Sonso en el templo Pyathada

Iván en el templo Pyathada

Por último, nos sentamos a disfrutar una de las puestas de sol más especiales de nuestro viaje y probablemente de nuestra vida:

Carro tirado por bueyes en la explanada de templos de Bagan

Atardecer desde el templo Pyathada

Atardecer desde el templo Pyathada

De Mandalay a Bagan en barco (22.01.12)

El tercer día en Mandalay amanecí mala. Era la primera vez que estaba enferma en los casi tres meses que llevábamos viajando y me dio mucha rabia porque mi intención era no ponerme mala en todo el viaje, jajaja :o) La verdad es que estar malo es una faena…no tienes energía, te duele todo, el tiempo pasa super lento…En mi caso, me subió la fiebre, tenía flojera, vómitos y diarrea. Iván decidió quedarse conmigo en el hotel mientras que Ali y Gonzalo se fueron con la moto y acordamos vernos al atardecer en el puente de Amarapura. Por la tarde ya me encontraba mejor y al día siguiente ya casi estaba bien…pero entonces cayeron Iván y Alicia. Alicia tuvo algo de fiebre durante la noche, pero afortunadamente no tuvo problemas de estómago, al menos ese día… A Iván le pegó bastante fuerte y tuvo que estar visitando el baño toda la noche, así que por la mañana el pobre no tenía energías para nada.

Marionetas birmanas en el teatro de marionetas de Mandalay

Así estaban las cosas cuando cogimos el taxi a las cuatro y pico de la mañana rumbo al puerto. Ese día era el día del viaje en barco desde Mandalay a Bagan, una ruta de aproximadamente 200 Km por el río Irrawady, que tarda unas 15 horas, de cinco de la mañana a ocho de la tarde. El barco que nosotros cogimos era el “slowboat”, el barco que utilizan los locales principalmente porque es muy barato y se puede llevar bastante mercancía. El concepto del tiempo en muchos países asiáticos es bastante diferente al nuestro. Allí las prisas no existen y es bastante normal que ir de A a B te lleve un día entero. También hay un barco turístico, el cual “sólo” tarda 8 horas, ya que no para en todos los pueblecitos, pero como para nosotros la experiencia era el viaje en barco en sí, decidimos coger el barco local y tomarnos el día relajadamente, disfrutando de las vistas del río y de la compañía de los birmanos.

Niña birmana pintando en el barco de Mandalay a Bagan

Aún era de noche cuando llegamos al puerto y entramos en el barco. Nos dirigimos hacia el segundo piso, e intentamos coger sitio en unas sillas de plástico que había en la proa del barco. Allí se amontonaban todos los turistas, mientras que los locales se acomodaban como podían en el suelo del barco. Al final decidimos coger un par de sillas y ponernos entre los birmanos, en vez de en el guetto turista, y como todavía era de noche, nos quedamos medio dormidos bajo las mantas y los sacos…

Al rato la luminosidad nos empezó a despertar, y al abrir los ojos quedamos impresionados ante el increíble amanecer que teníamos frente a nosotros. El sol era una bola de fuego de un rojo imposible, que reflejado en las apacibles aguas del Irrawady creaba una imagen fascinante…

Amanecer en el río Irrawady, barco de Mandalay a Bagan

Con la luz, la gente se empezó a desperezar y el ambiente a bordo fue animando. La gente conversaba, comía, reía, pero sobretodo, nos miraban con mucha curiosidad y si les sonreías, siempre te devolvían la sonrisa. En seguida nos sentimos a gusto en el barco…

Ambiente relajado en el barco de Mandalay a Bagan

Iván durmió gran parte del día, porque todavía se encontraba mal, mientras que Gonzalo, Alicia y yo nos pasamos las horas leyendo, hablando, mirando el paisaje y sobretodo, observando la propia actividad del barco, que nos mantenía bien entretenidos. De cuando en cuando, el barco paraba en pequeños pueblos, donde los vendedores de comida esperaban ansiosos su turno para subir a bordo y vender sus mercancías. Muchos volvían a bajar antes de que el barco zapara, pero algunos de ellos se quedaban en el barco, porque su aldea era río abajo, y mientras estaban en el barco aprovechaban a vender algo de fruta, bizcochos o fritos…

Vendedores de comida listos para subir al barco

Vendedora de fritos a bordo

Yo cogí un cariño especial a una de estas mujeres, de la que desafortunadamente no conservo ninguna foto, pero con la que estuve hablando bastantes ratos durante todo el día. Me contó que estaba separada porque su marido le maltrataba y que hacía este viaje -Mandalay-Bagan y viceversa- dos veces por semana, para mantener a sus hijos. Al final del día, tendría que dormir en el suelo de la cubierta del barco, junto con las otras vendedoras de comida. Era una mujer encantadora, que pese a su dura situación personal estaba de buen humor, bromeando con las otras vendedoras y con nosotros. Siempre tenía una sonrisa para todo el mundo… Al final del día le compramos parte de la mercancía que le quedaba, pero aún así nos regaló un bizcocho, un gesto más de esta gente que no tiene nada suyo. No puedo más que alabar la generosidad de la gente en Birmania…

Niña birmana en el barco de Mandalay a Bagan

Justo en frente de donde estábamos sentados había un grupo de mujeres de mediana edad, junto con una chica más joven y su hijo de un añito o así. Las mujeres no paraban de mirarnos con curiosidad y de sonreírnos, y en seguida empezamos a intentar hablar con ellas por medio de gestos. Cuando los primeros vendedores llegaron, ellas compraron comida preparada, mazorcas de maíz y plátanos. Nosotros no nos atrevimos a comprar nada porque aún no nos encontrábamos muy bien, pero las mujeres insistieron y nos dieron plátanos y maíz a todos. Era increíble la generosidad de esta gente.

Al rato, Alicia sacó su cuaderno de dibujo y comenzó a pintar a estas mujeres. Al principio ellas no se enteraron, pero luego se dieron cuenta de que eran ellas las modelos que Alicia estaba pintando, y era muy gracioso ver cómo se ruborizaban y cómo se reían, porque en el fondo estaban encantadas!

Las modelos de Alicia

Cuando Ali acabó el dibujo, se levantó y se lo enseñó a las señoras, que no podían aguantar la risa! Alicia les explicó que el dibujo era un regalo para ellas, y yo creo que, por la cara de alegría que pusieron, les hizo mucha ilusión un regalo tan especial.

Alicia con el dibujo terminado

Alicia mostrando su dibujo terminado a las señoras. Ellas no podían parar de reir!

La artista con las modelos, mostrando su dibujo satisfechas

A media tarde, Alicia y yo charlábamos en la cubierta, cuando una señora se nos acercó, se agachó y en voz baja, nos hizo la proposición más indecente que hasta entonces nos habían hecho en Birmania. Lo que nos dijo fue “os apetecería un masaje?”. Ali y yo nos miramos, e inmediatamente pensamos: “pues claro!”. Después de negociar un poco el precio con la señora, nos trasladamos a su “zona de operaciones”, que era simplemente una pila de sacos para apoyar la cabeza y una mantita para el cuerpo.

Masajista de nuestro barco concentrada en la cabeza de Alicia

El masaje mereció muchísimo la pena, no sólo porque ayudaba a la señora a ganarse unos kyats, sino porque lo hacía verdaderamente bien! Ejercía una técnica que consistía en ejercer puntos de presión en las distintas zonas del cuerpo: pies, piernas, brazos, manos, cabeza…simplemente apretando, sin masajear propiamente dicho. Sea como fuere, el masaje nos sentó de maravilla y la señora también quedó muy contenta.

Señora masajista trabajando en mi brazo

Como colofón del día, fuimos protagonistas de una fiesta flamenca en toda regla, en las que Iván y Gonzalo nos deleitaron con sus guitarras birmanas y Alicia y yo acompañábamos con las palmas. Desde luego no teníamos desperdicio y fue uno de los momentos más divertidos del viaje, pero juzgad vosotros mismos por las siguientes fotos:

Los Ecos del Rocío Birmanos

Ecos del Rocío en pleno apogeo

Y así fueron las 15 horas que pasamos en el barco de Mandalay a Bagan, aquel 22 de enero de 2012…La próxima entrada: los templos de Bagan!