Comida birmana

Desafortunadamente, nosotros no tenemos muy buen recuerdo de la comida birmana, debido a que los cuatro caímos malos una o varias veces a lo largo del viaje debido a intoxicaciones alimenticias, por lo que nos hicimos un cuanto escépticos a probar la gastronomía local. No obstante, y tal y como nos pasó en los otros países asiáticos, aprendimos a apreciar y a valorar la comida birmana según pasábamos más días en el país.

La variedad de la comida birmana es muy amplia y tiene influencias de los países vecinos tales como China, India y Thai. La comida birmana típica se presenta en forma de “hin”: pequeños platos de estofado de carne, pescado y verduras (curries) que se acompañan con sopa, arroz y vegetales crudos. Estos estofados se preparan con abundante aceite para ayudar su conservación a altas temperaturas y protegerlos de las moscas, y nuestro consejo es bien retirar el aceite o bien apartarlo porque tomárselo puede resultar bastante pesado. Los estofados birmanos son bastante especiados y de sabor fuerte, aunque en ningún caso picantes. Los curries de carne suelen ser de pollo y entre los curries de verdura más populares, están los de de patata y berenjena.

Guisos típicos birmanos (con bien de aceite!)

El pescado es un alimento muy común en la comida birmana y suele estar condimentado con “ngapi” un especie de “avecream” hecho a base de concentrado de salazón, gambas y pescado seco de muy intenso sabor.

Sabroso guiso de pescado “bañado” en aceite en Yangón

Pescado del lago Inle

Las verduras se comen tanto cocidas, como en guisos o a la brasa y también crudas y frescas, bien solas o aliñadas con zumo de lima, como esta ensalada de tomates con cacahuetes que tomamos varias veces a lo largo de nuestro viaje.

Ensalada birmana de tomates verdes y rojos

La influencia de la comida india es bastante notable. En Mandalay, encontramos un puesto muy popular con multitud de mesas en la calle, que se montaba todas las tardes en una de las calles del centro y donde se preparaban a diario centenares de chapattis (pan plano estilo indio) acompañados de curries de verduras y cordero. Los ricos chapattis se mojaban en los curries y te servías de ellos para empujar trozos de carne o de verdura. Por cierto, pensamos que el estofado de cordero fue lo que nos hizo ponernos malos la primera vez.

Cenando chapattis y comida birmano-india antes de caer malitos, en Mandalay

Otra especialidad que veíamos sobretodo en las pausas de los viajes de autobus es la comida en bandejas metálicas con distintos cuencos también metálicos conteniendo diversos guisos, sopas, arroz, salsas y diferentes tipos de pickles (verduras en vinagreta), todo por separado, asemejándose al “thali” nepalí.

“Thali” birmano

En Bagan tuvimos la ocasión de probar la pizza birmana, que es tipo pancake, pero bastante más grasiento. Era sabrosa, pero bastante pesada y sobretodo tenía poco de pizza!

Pizza birmana en Bagan

El último día en Yangón, tuvimos la oportunidad de comer el famoso tofu Shan, que esta hecho a base de agua, guisantes amarillos y harina de garbanzos, resultando en una especie de polenta que está delicioso, tanto frito sólo como en pastelitos rellenos.

Tofú “Shan” (tipo polenta)

Pastelitos de tofu rellenos

Finalmente, el plato nacional es la “mohinga”, que es una sopa de fideos de arroz en caldo de pescado de intenso sabor, generalmente consumida para desayunar.

Sopa de noodles birmana

En cuanto a bebidas, los birmanos toman té chino sin azúcar durante las comidas, que suele ser gratuito o incluido en precio del menú. Por el contrario, el té birmano, elaborado al estilo indio, con mucha leche y azúcar, es muy barato y delicioso, ideal para tomar a media tarde en cualquiera de las casas de te, dónde también se pueden degustar diversos aperitivos fritos típicos del país. Suele haber también grande variedad de refrescos, como la rica limonada “lemón sparkling” (en Birmania no hay ningún refresco occidental tipo Coca-Cola, sino que hay imitaciones locales como la Star Cola).

Rica limonada birmana

Veinticuatro horas en el espejo de Birmania (29-31.01.12)

Como describimos en la última entrada sobre Birmania, la llegada al lago a través de canales rodeados de vegetación que desembocaban a la gran masa de agua fue espectacular y las primeras imágenes de estas aguas tranquilas quedarán grabadas en nuestra memoria para siempre.

Lago Inle, el espejo de Birmania

El lago Inle es el segundo lago más grande de Birmania y tiene una superficie de 116 Km2. El lago se halla en el centro del país, en la bonita y montañosa región donde tradicionalmente han vivido diferentes tribus, destacando entre ellas la tribu Shan. El lago no es sólo un punto geográfico, sino que debido a la fertilidad de sus aguas, sus orillas dan cobijo a una gran comunidad y da nombre a una región entera. El lago se encuentra a unos 900 metros de altitud lo que confiere a la zona un clima fresco y agradable la mayor parte del año. De hecho, la región era uno de los lugares de retiro preferido de los ingleses en la época colonial, cuando querían escapar del tórrido calor de Yangón. Como curiosidad, cabe mencionar que el lago es muy poco profundo, siendo su profundidad media de unos dos metros!

Amanecer en el lago Inle

Pescador afaenando al amanecer

La zona alrededor del lago alberga a unas 70,000 personas, repartidas en cuatro pueblos y numerosas aldeas, y el conjunto de poblaciones alrededor del lago se llama Nyaung Shwe. La mayor parte de la población local vive de la agricultura, ganadería o la pesca, aunque mucha gente se dedica a ser guías turísticos o trabajan en los talleres de souvenirs para turistas.

Durante un paseo en barco por los canales alrededor del lago Inle se pueden ver jardines flotantes típicos de esta zona. La construcción de estos jardines es muy elaborada. Primero es necesario colectar hierbas del fondo del lago, con las que se fabrica un lecho que sirve de base para el jardín. Luego, el lecho se apoya en estacas de bambú que sirven de soporte al jardín. La gran cantidad de nutrientes que hay en el lago hacen estos jardines tremendamente fértiles. Además, como los jardines suben y bajan dependiendo del nivel del agua, son resistentes a los cambios de nivel de las distintas estaciones del año.

Jardines flotantes

No obstante, lo verdaderamente distintivo del lago Inle son sus famosos pescadores, que se caracterizan por su peculiar forma de remar, de pie en un extremo del barco y con una pierna enganchada al remo. Debido a que en el lago abundan las cañas y las hierbas flotantes, la posición de pie les da una posición ventajosa para remar. La silueta de estos pescadores balanceándose sobre los barquitos mientras avanzan por las tranquilas aguas del lago es una imagen inolvidable, sobretodo a la luz del amanecer y del atardecer…

Pescadores en el lago Inle

Preparándose para una jornada de pesca en el lago Inle

Pescador al amanecer en el lago Inle

Pescadores después del atardecer en el lago Inle

A pesar de los trabajos tradicionales, el aumento del número de turistas hace que mucha gente haya abierto talleres de artesanía que se dedican a la elaboración de recuerdos a mano. Entre ellos, cabe mencionar la elaboración de bufandas y chales, la fabricación artesanal de puros o talleres de joyas con grabados. El tejido a mano con fibras de flor de loto es único de la zona del lago Inle y se utiliza para la elaboración de túnicas para imágenes de Buddha.

Fibras de la flor de loto

También se producen en esta zona los típicos bolsos “Shan”, que son tipo zurrones, y que casi todos los birmanos utilizan diariamente como bolsos de mano y bolsos para todo. Las mujeres los utilizan, además de las cestitas de colores, para comprar en el mercado. Los hombres los usan para guardar su kit de nuez de betel e incluso los niños tienen uno, donde meten sus juguetes o el poquito material escolar que tienen.

Vendedora del mercado con el bolso Shan

Las maquinas de tejer son complicadas estructuras de madera que se fabrican a mano. Nosotros visitamos una fábrica de telas en la aldea Inn Paw Khon y tuvimos ocasión de ver cómo se producen las famosas bufandas y pañuelos del lago Inle.

Señora tejiendo en el taller de la aldea en la aldea Inn Paw Khon

Detalle del pie de la señora al tejer

Confección artesanal de telas en la aldea Inn Paw Khon

Detalle de los hilos

La gente del lago vive en casas muy sencillas, normalmente construidas con bambú o con largos postes de madera que se sustentan directamente sobre el fondo del lago. A pesar de su sencillez, a nosotros estas casitas a orillas del lago nos parecieron preciosas…

Casas del lago Inle

Casas del lago Inle

La actividad turística más popular en la zona del lago Inle es un paseo en barco de medio día o un día completo. Los barcos son alargados barcos de madera con un pequeño motor, donde se sitúan sillitas de madera y cojines para los pasajeros, con un máximo de 6 pasajeros por barco. Los paseos por barco, a pesar de ser la actividad que mejor te permite visitar la zona, son a la vez una trampa para turistas, ya que, tanto si vas con guía como si no, los barcos van parando en diferentes talleres donde básicamente te enseñan como se elaboran los productos para posteriormente ofrecerte los distintos souvenirs que producen. Las visitas son interesantes, aunque muchas veces los talleres sólo funcionan por y para los turistas, lo que resta bastante encanto al asunto…

Fabricación artesanal de cigarros

Elaboración artesanal de joyas y souvenirs

Además de los talleres, en nuestro paseo de un día por el lago también visitamos la famosa Pagoda Hpaung Daw, que alberga las cinco imágenes doradas de Buddha. En Birmania, es tradición que los hombres donen finas hojas de pan de oro y las peguen en la superficie de las estatuas de Buddha. Esto ya lo vimos en la Mahamuni Paya de Mandalay, pero no hasta el nivel de los cinco Buddhas de Hpaung Daw. Aqui, los Buddhas estaban totalmente desfigurados por la desmesurada cantidad de hojas de pan de oro que se habían colocado, pareciendo simplemente piedras doradas deformadas. Según nos contaron, el pan de oro sobrante se retira y es vendido como objeto sagrado…

Los cinco Buddhas de la pagoda Hpaung Daw U

La Pagoda Hpaung Daw, al igual que los jardines del lago, también es flotante, y una vez al año, es escenario del festival más famoso del lago Inle. Durante el festival, que dura 18 días, cuatro de las cinco imágenes de Buddha son sacadas en procesión en una impresionante barcaza con forma de pájaro “hintha” (tipo ganso o cisne) que hace un recorrido por el lago. La procesión va parando en cada aldea y cada noche los Buddhas duermen en los monasterios de las distintas aldeas.

La Pagoda Hpaung Daw

Antes del atardecer, también tuvimos tiempo de visitar la colina de las mil pagodas en Inthein. El mercado rotatorio de los cinco días había tenido lugar en Inthein ese día, pero al llegar por la tarde, no encontramos muchos turistas. El paseo hasta lo alto de la colina es agradable a pesar de que los vendedores de souvenirs se sitúan a ambos lados de la escalinata cubierta que lleva a la cima. Al llegar, uno queda impresionado con las vistas de miles de pagodas, cada una de un estilo y una época, algunas derruidas, otras enteras, algunas con recubrimiento dorado, otras cubiertas de yeso y otras simplemente en ladrillo. Aunque el sitio tenía un aire caótico, a mí me pareció de lo más fotogénico y para cansancio de mis compañeros de viaje, me entretuve en sacar algunas fotos como las siguientes:

Colina de las mil pagodas, lago Inle

Colina de las mil pagodas

Y así fueron nuestras 24 horas en el espejo de Birmania…

Nuestra lancha en el lago Inle

Nuestro atardecer en el lago Inle

Bira: a quiet getaway (16-18.02.2012)

After visiting Tana Toraja, we had a couple of days before we had to take the flight from Makassar to Bali. Since Sulawesi is such a huge island (the 11th largest island in the world!) and Makassar is in the South, we didn’t even consider going North, even though we would have loved to go to the Togean Islands and further to Manado and Bunaken – one of the top diving spots in the world!

Big piece of advice here: going from A to B in Sulawesi takes time, the reasons being bad road conditions and the unpractical shape of the island. So if you want to visit all the touristic spots of Sulawesi including Tana Toraja, the Togeans and the area around Manado, we would recommend you to stay at least two weeks, three weeks being the perfect amount of time if you want to visit these places at a relaxed pace.

We asked other tourists for a nice place to visit not too far from Makassar, and a Danish guy whom we met in Rantepao recommended us to go to Bira. ”It is a quiet, unpretentious fishing town, but it has a nice beach and a very pleasant atmosphere”, he said Bira was only 4-5 hours from Makassar, so we decided to give it a try!

Bira: the village and the bay seen from our guesthouse

After a nightmare in the South bus station of Makassar because of the “bemo mafias” (we will tell it in another post), we could finally take a bus from Makassar to Bira around 11 a.m. The bus was a local bus, which stopped at every single village on the way (Bira was the last stop), so the trip seemed to take forever. When we finally arrived it was the early evening and we have time enough to check in in the guesthouse and go to the beach to have a refreshing swim there.

Colorful access to the beach

The transparent waters of Bira

Bira is a very quiet village with one main street and houses at each side. There are two beaches: one at each side of the main street. There was not so much going on in the village during the two days that our visit lasted. The “action” was mostly at the beach, where young people and families congregated to play by the water.

Bira beach

The beach closer at the end of the village was like a dream: a small bay with white sand and transparent, quiet water. A few souvenirs stalls on the sand – which were closed in rainy season- and a hotel with the shape of a boat at the far end of the beach.

Fishermen boats near the shore

The Indonesian teenagers were having a great time at the beach and they all bathed (Asian style, that is, with their clothes on) and took pictures of one another. We were the only tourists and it was a bit uncomfortable for us to be the total center of attention, especially that Sonso was the focus of attention of all the boy teenagers on the beach, who didn’t stop looking at her even though she kept her dress on. A group of boys asked if they could take a picture together with Sonso and we said ok, but we didn’t like the fact that many other boys were snapping pictures of her with their telephones or small cameras without even asking! We would say that this and the fact that the “banana boat” man didn’t allow us to swim too far from the shore because it was his domain were the only annoying events in an otherwise perfect setting.

Local Indonesians having fun in the water

On the beach at the other end of the village you could observe the main activity by which the area is famous for: the hand made manufacture of traditional wooden boats.

Boat manufacture in Bira

Following the recommendation of the Danish guy that we met in Rantepao, we stayed at Sunshine guesthouse and we can highly recommend it! The rooms are simple, but nice, and the bathrooms are shared, but the common balcony with chaise longs overlooking the sea makes up for it. The guesthouse is also located on a hill, so that you can benefit from fresh breeze.

The fantastic breezy terrace with chaise longs of Sunshine Guesthouse

The friendly owner of the guesthouse, recommended us two places to hang out and have some food: Salassa and a recently open café also by the road but closer to our guesthouse and the beach than Salassa. Sorry, we are not able to remember the name of this café, even though we loved it, but let’s call it “the goat café” (I’ll explain that later). The first night for dinner we tried Salassa, where we indeed had a really nice dinner consisting on delicious fish cocked in garlic sauce. There we met a friendly American called Ron who apparently loves Sulawesi and Indonesia and spend long periods here.

The second day the weather turned out to be rainy for most of the day and we just relaxed, read and used our time to organize different trips such as the trip to Borneo and the trip to Japan. It was good to once in a while get some time to organize our trip! We spent most of the day at “the goat café”, where the friendly owner let us use his internet connection and where his wife prepared really nice food for us. We also met a Portuguese surfer who gave us valuable advice on what to visit in Indonesia. We really enjoyed our time in “the goat café” and our chats with the owner. In fact, we liked him so much that Iván gave him his guitar (the one who bought in Burma) because it was becoming exhausting to travel with so much stuff and we thought he’d like it, as it happened!

By the way, this is the reason why we call it “the goat café”:

“The goat café” in Bira

No need for words…

Tana Toraja: land of death rituals and stunning rice terraces (12-15.02.2012)

The first thought that came to our minds when we first spotted Sulawesi from the air on our way there was: “oh, my God, we are going to get wet here!“ In fact, the island looked like a huge flooded plain. Everywhere we looked, we saw green fields all covered by water. It was the early evening and the sky was gray and seemed to threaten with more rain. We knew that we were coming in the middle of the rainy season, but we didn’t know what to expect since all the other countries from South East Asia what we had just visited were in dry season.

Landscape with rice terraces around Batutumonga

Some people would never come to a tropical country during the rainy season. However, the rainy season is a favorite for some, since there are fewer tourists, prices are usually lower and the weather might still be pretty good. When making our decision whether to come to Indonesia during the rainy season or going to another country in South East Asia still in dry season, we considered all these pros and cons and finally we decided to try our luck. We really wanted to visit Indonesia and after all, when else were we going to have a full month to visit one of the most diverse and amazing countries in the World?

Facade of a “tongkonan”, typical Toraja house

There are mainly two reasons why tourists come to Sulawesi: either to dive in one of their world-class diving areas such as Manado, or to visit the land of the Toraja people. We had never tried diving before, but we definitely wanted to know more about the Toraja people and their traditions.

“Tau-taus” (effigies of the deceased) in the cliff wall of a burial site

Locals taking care of their water buffalo at the buffalo market

The Toraja are a Christian minority who live in Tana Toraja, a highland area in Southern Sulawesi. The Toraja people are mostly known by their death rituals, which can last up to a week and include water buffalo fights, ritual dances and public slaughtering of pigs and water buffalos which give enough meat to feed all family members of the death person and everybody from the village. The more powerful the decease person was, the more animals are slaughter. The slaughtering is done with a machete in a death fest that is the climax of the funeral ceremonies.

The loved and expensive albino buffalo in the buffalo market

The funerals are the most expensive ceremony for a Toraja family and some families have to keep the body unburied during years, while they save enough money to afford the week long funeral.

The burial sites are also very impressive. Traditionally, the Toraja people bury their family members inside caves or in cliff walls. The most accommodated families also have “tau-taus” in their tombs. The “tau-taus” are nearly human-size effigies depicting the death person, which are placed in balconies located in the cliff walls of the burial sites. The sculptures usually show the death persons at an old age and their main feature is the realism of the faces, usually showing plenty of wrinkles and rich expressiveness. The richer the family, the more elaborated is the “tau-tau”.

Burial site and “tau-taus” (sculptures of the death people) near Rantepao

The architecture of the Tana Toraja is also very special and the typical house or “tongkonan” is a symbol of Sulawesi all over Indonesia. The “tongkonan” is a traditional Toraja house made of wood whose main feature is the prominent upward-sloping roof mimicking the prow of a boat. The “tongkonan” are usually two floors houses whose facades are decorated with colorful Toraja patterns in red and black colors. Two cocks are usually depicted in the façade too. The buffalo is the Toraja symbol per excellence and a part of the buffalo – a buffalo horn, a fake buffalo head, etc – usually hangs from the front part of the “tongkonan”.

Preparing for the buffalo fights in a funeral near Rantepao

Toraja language is only spoken – there is no written language. The wooden carvings have big relevance since they represent cultural and religious concepts. The carvings usually have geometrical designs, but the Torajan’s also use drawings of animals and plants to symbolize virtues like fertility and health.

Typical Toraja designs in a facade of a “tongkonan”

We landed in Makassar, the capital of Sulawesi (in the South part of the island) around 5 p.m. Luckily we got our tourist visas at the airport pretty fast, so around one hour later we came out of the airport with our luggage and our stamped passports which allowed us to stay one month in Indonesia!

Since we knew that we wanted to go Tana Toraja and we only had 10 days to visit Sulawesi, we decided to get to Makassar bus station directly from the airport. Spending the night in Makassar, where there was really nothing to do for us was a waste of time considering our limited time, so we took a taxi to the bus station to try our luck. We didn’t know the bus timetables, but we figured that it must be a night bus from Makassar to Rantepao! And that was actually the case! We got two seats in one of the most comfortable buses of all South East Asia and when we arrived to Rantepao the following morning at 6 a.m. we didn’t want to step out of the bus! However, we were lucky to get a room straight away in one of the backpackers guest houses in town: Wisma Maria I. The rooms were arranged around a beautiful garden and we got a decent clean double room in the first floor with a veranda facing the garden!

The views from our room: not bad!!!

During the next two days we visited some burial sites around Rantepao such as Lemo and Ke’te kesu’ and we went to the funeral ceremonies which were being held in a village near Rantepao.

Souvenirs of “tau-taus” (effigies of the deceased)

The event that most impressed us was the water buffalo fights. We could see how much the Toraja people cared about their water buffalos by the way they took care of them, they fed them, they padded them, etc. Still, they didn’t hesitate to put their water buffalos in front of another buffalo to make them fight. The water buffalos are very quiet animals, but as soon as you put one in front of the other, they instinctively start a fight. The fights took place in the middle of a rice field and the whole village came to see the spectacle and to cheer their water buffalos. We found it cruel and we were very sad when we saw the wounds on the skin of the water buffalos when they left the battle field with their proud owners…Once again, a tradition which doesn’t take into consideration the animal rights…

One of the most sacred (and expensive) animals for the Toraja people: the albino buffalo

Buffalo fights are part of the one week long Torajan funeral rituals

The third day we decided to take the motorbike and do a day trip to the Northern part of Tana Toraja. We have heard that the area around the village called Batutumonga was very pretty and that there were a couple of home stays where it was possible to spend the night. At first we wanted to hire a guide and we talked to several of them, but they wanted to charge us way too much (250,000 IDR, which was a lot for our budget), so we decided to go on our own.

Decorations in the facade of a “tongkonan”

We couldn’t have imagined how beautiful it was! We discovered stunning scenery of rice terraces and scattered “tongkonans” which was truly breathtaking! We were so happy for finally have decided to go!

Iván and Sonso exploring the countryside in the North of Rantepao

We slept at a home stay in Batutomonga, which is not even a village, but a few scattered houses along the road surrounded by paddy fields and rice terraces. For 80,000 IDR per person we got our own “tongkonan”, dinner and breakfast (advantage of the low season). The “mamma” was so nice that also let us try the famous Toraja coffee (strong, powdery black coffee grown in the Toraja region) and we spend the evening watching a movie in the roofed terrace of the “mamma” while it was pouring rain outside.

The homestay where we stayed in Batutumonga, with our own “tongkonan”!

The morning after was one of the most beautiful ones of our four weeks in Indonesia. The sun was shining and the rice paddies were stunning in tones green and brown. The sky was bright blue and huge clouds like cotton crossed the sky. The local children went to school on their pink uniforms and the villagers went to the fields to grow the rice as their ancestors have done for centuries. Without a fixed destination, we wandered around with the motorbike, mesmerized by the jaw-dropping landscape…

Sunrise in Batutumonga. Amazing layer of clouds over the valley!

Children at school near Batutumonga

Iván with our rented motorbike in the area around Batutumonga

Sonso posing in front of rice terraces near Batutumonga

I don’t think that we will ever see more beautiful rice terraces than the ones we saw that morning around Batutumonga.

Beautiful rice terraces around Batutumonga

Welcome to Indonesia, the country of diversity!

Indonesia is overwhelming!

A country with over 200 million inhabitants, 300 distinct native ethnic groups, more than 700 different languages and dialects, more than 10,000 islands, around 80,000 Km of coastline and 150 active volcanoes! Indonesia will never disappoint you!

Mt. Bromo, the most revered volcano in Indonesia, in Eastern Java

Sunrise in Mt. Bromo, Eastern Java

Indonesia has the second largest level of biodiversity in the World (after Brazil). It has a wide range of sea and coastal ecosystems, including beaches, sand dunes, estuaries, mangroves and coral reefs. With its more than 1,650 species of coral reef fish in eastern Indonesia only, it is a top destination for diving and it is the country to visit if you want to visit the endangered orangutans in their natural habitat – either in Sumatra or in Kalimantan (Indonesian Borneo).

Orangutan family in Camp Leakey, Tanjung Puting National Park, Kalimantan

Orangutan eating resin in Camp Leakey, Tanjung Puting National Park, Kalimantan

Indonesia is the 4th most populated country in the World (after China, India and USA) and it is the largest economy in SEA, because of, among other reasons, its extensive natural resources, including crude oil, natural gas, tin, copper, and gold. However, the rapid development has created many environmental challenges which face issues such as large-scale deforestation, over-exploitation of marine resources, air pollution, waste and wastewater management and drinking water scarcity. Let’s hope that Indonesia will be able to keep on developing while keeping its biodiversity and environmental values.

Tropical forest and klotok (traditional boat) in Tanjung Puting National park, Kalimantan

Again regarding its diversity, the Indonesian government recognizes six religions. Most of Indonesia is predominantly Muslim, although there are exceptions such as the Christian community of Tana Toraja (Sulawesi) or the Hinduism in Bali.

Pura Tirta Empul, holy spring for Hindu people, near Ubud, Bali

Tongkonan, the typical houses of Tana Toraja, Sulawesi

The official national language is called Bahasa Indonesia, which in our opinion sounds very nice!. Some of the phrases that we learned were “Teremakasi” (thank you) and “Berapa haryanga” (how much is it?). I don’t know how to spell them, so this is just how they sound to us!

Also, it was very funny to us that “toko” means shop or business, since “toco” in Spanish means “to touch”. One of the first days, we saw an advert of a masseur which said: “masseur toko” (the masseur touches) and we couldn’t stop laughing. It was also very funny when we saw a gold store, “toko mas” (I touch more)….

Local woman in a beautiful wild beach near Kuta, Lombok

Tana Toraja traditional patterns in the facades of their tongkonans

During our four weeks trip to Indonesia, we visited the following five islands:
– Sulawesi: 11 – 19.02.2012
– Borneo: 20 – 23.02.2012
– Java: 23 – 27.02.2012
– Bali:28.02- 06.03.2012 and 09 – 11.03.2012
– Lombok: 06 – 09.03.2012

In the next entries of the blog we will describe our adventures in this country of diversity! We hope that you enjoy it!

Rice terraces around the village of Batutumonga, in Tana Toraja, Sulawesi

Ivan and Sonso mimicking Balinese dance at Pura Kehen (Kehen temple) near Ubud, Bali

Ruta a pie de Kalaw al Lago Inle (27-29.01.2012)

La marcha desde Kalaw al Lago Inle fue una de las experiencias más auténticas que tuvimos la oportunidad de vivir durante nuestra visita a Birmania. Se trata de una ruta a pie que durante tres días atraviesa territorios rurales de la zona central del país.

Lo organizamos todo en Kalaw, donde había numerosos guías con los que negociar el recorrido y el precio. Tras hablar con varios guías, finalmente nos decidimos por contratar los servicios de una guía en el “Sam’s family restaurant”. Sam, el dueño, pecaba un poco de arrogancia, síndrome de la Lonely Planet, y no nos causó muy buena impresión al principio. Sin embargo, nuestra guía era su “sobrina” Sanmya, una chica encantadora de 19 años, estudiante de filosofía en la universidad y guía en sus meses de vacaciones.

Los cuatro con nuestra joven y encantadora guía, Sanmya

Desde el primer encuentro se disiparon nuestras dudas respecto a los problemas de comunicación con Sanmya, ya que esta dominaba perfectamente el inglés, además de la mayoría de los idiomas locales, ya que ella misma era de la tribu Pa-O y se había criado entre gentes de otras tribus de la zona, como Pa Daung, Pa Laung, Danu y Pa-O.

Gonzalo e Iván en el principio de la ruta

Junto con Sanmya, también iba con nosotros un cocinero, que aunque más tímido que ella, fue muy servicial y atento con nosotros durante toda la ruta, ganándose nuestra simpatía desde el primer minuto. De hecho, sus comidas fueron de largo las mejores que disfrutamos en Birmania!!!

Encuentro con búfalos de agua

Aunque la zona es de cierta belleza escénica, el principal interés de esta marcha es del tipo cultural, ya que durante la ruta es posible visitar aldeas tradicionales y gracias a nuestra guía, para nosotros también fue posible interaccionar con la gente de estas aldeas. Cada vez que nos cruzábamos con campesinos, Sanmya se encargaba de que nos saludáramos e iniciáramos, a través de ella, alguna conversación.

Pueblito donde paramos a comer el primer día

Y es aquí donde radica la belleza de este viaje, ya que el sentimiento de conversar con una persona que nunca ha salido de su aldea y que te mira como si hubieras salido de otro planeta es indescriptible! Las señoras solían ser más habladoras, y varias nos comentaron que a ellas también les encantaría poder viajar y conocer otros países, si tuvieran la oportunidad. Lo mejor de esta gente era su sencillez, cercanía y naturalidad, que te hacían sentir bien incluso aunque no pudiéramos entendernos en el mismo idioma.

Coloridas flores de la campiña birmana

Aunque si por algo destaca la gente que conocimos durante la ruta es por su ejemplar hospitalidad. Al principio nosotros creíamos que la ruta estaba pactada con las familias donde se nos acogía, tanto para comer como para dormir. Pero hablando con Sanmya más adelante averiguamos que esto se decidía sobre la marcha, y todos nuestros anfitriones nos aceptaban en voluntad propia, muchas veces sin recibir ni esperar nada a cambio. Nos abrían las puertas de sus casas, ofrecían los mejores sitios e intentaban en todo momento que estuviéramos a gusto y no nos faltara de nada.

Fantástica pareja de abuelitos que nos acogieron de maravilla en su casa

Una de las personas que más ternura nos inspiró fue el viejito de la casa en la que paramos a comer y descansar durante la primera jornada, en una aldea de la tribu Danou. El hombre debía tener unos setenta u ochenta años y en su cara lucía una sonrisa casi constante. Cuando llegamos estaba en la puerta de la casa, y enseguida nos invitó a que pasáramos dentro, ya que era mediodía y fuera hacía un sol de justicia. Ya en el interior, disfrutó enseñándonos las fotos familiares que colgaban de las paredes del cuarto principal, explicándonos en su idioma y con gestos quien salía en cada foto, los años que tenía este o el otro y las relaciones entre ellos. Su capacidad expresiva era impresionante y quedamos alucinados de la cantidad de información que pudimos intercambiar con él sin tener ningún idioma en común.

El viejecito encantador con su querida botella de agua

Una de las anécdotas más curiosas que nos ocurrieron con este viejito, fue que, al pedirnos que le hiciéramos una foto se empeñó en salir en ella junto con la botella de agua que nosotros llevábamos: una botella pequeña de plástico de las de “usar y tirar”, algo que normalmente nosotros no apreciamos porque forma parte de nuestra sociedad de consumo, pero que para este viejito birmano representaba un objeto valioso que no está al alcance de su mano.

Siestorra memorable

Tras terminar de comer, Sanmya nos dijo que podíamos descansar un poco antes de retomar la ruta, así que le preguntamos si podíamos aprovechar para echar una siestecita, algo que nos sentó de maravilla!

Colegio al que Sanmya nos llevó para que visitaramos

Tras la siesta, Sanmya nos llevó a visitar el colegio de la aldea. Las instalaciones del colegio eran muy básicas, aunque parecía que los niños disfrutaban de estar allí con la profesora y de aprender. Al principio los pequeños se mostraron muy tímidos, pero tras unos minutos de intercambio de sonrisas, no dudaron en jugar con nosotros y se deleitaban al verse en los videos que Alicia hacía de ellos.

Colegio al que Sanmya nos llevó para que visitaramos

Niños del cole cuando cogieron un poco más de confianza

Por la tarde, atravesamos parajes color tostados a través de suaves colinas. De cuando en cuando hacíamos descansos que Sanmya aprovechaba para contarnos que era tal o cual cultivo y anécdotas como la de las cabañas de recién casados: unas chocitas en medio de los campos de cultivo donde las parejas de recién casados pasaban sus primeras noches como marido y mujer para conocerse en un ambiente tranquilo y relajado, una especie de luna de miel estilo birmano!

Vista del paisaje que atravesamos durante la tarde de la primera jornada

Encuentro con el grupo de mujeres recolectando trigo

Campesina birmana recolectando trigo

Antes del atardecer, nos encontramos con un grupo de mujeres que estaban recolectando trigo. Como siempre, nuestra simpática guía nos hizo de interprete y estuvimos conversando largo rato con ellas. Luego, incluso nos dejaron probar a cortar las espigas, con lo que comprobamos lo dura que debe ser hacer esta tarea durante tantas horas, sobretodo para la espalda. Nosotros sólo teníamos unos dulces en la mochila, y cuando se los ofrecimos a estas mujeres, éstas los aceptaron tímidamente con una sonrisa.

Espigas de trigo dorándose al sol

Alicia con el manojo de trigo segado por ella misma

Justo después de la puesta de sol, llegamos a la aldea donde pasaríamos la noche. Sanmya nos explicó que esa noche dormiríamos en casa de una familia Pa-O. Cuando llegamos, quedamos impresionados con lo grande que era la casa, donde nos habían preparado un trocito de salón para que durmiéramos. La familia eran unos cinco o seis miembros, aunque a cenar también vinieron algunos amigos y vecinos suyos, así que nunca nos quedó realmente muy claro cuantos eran en la casa.

Con la familia de la primera noche, divirtiéndonos con música alrededor del fuego

Tras la cena, todos alrededor del fuego, pasamos una velada muy agradable todos juntos. Gonzalo les tocó unas canciones con la flauta y los birmanos hicieron lo propio con una guitarra. Además, Sanmya servía como hilo para la conversación entra la familia y nosotros y aunque no podíamos hablar directamente, nos sentimos como en casa en todo momento.

Sanmya poniendome el thanaka

A la mañana siguiente, Sanmya se empeñó en vestirnos con el traje tradicional de los Pa-O y de pintarnos la cara con el maquillaje típico birmano, el thanaka. Aquí dejo un par de fotos para que veáis que pintas!

Ajustando los turbantes, que eran como toallas muy pesadas! Atención a los chiquillos mirando desde la terraza

Alicia y yo ataviadas como auténticas mujeres Pa-O

Detalle del thanaka y de los coloridos turbantes Pa-O

Auténtica pareja Pa-O

Iván y Gonzalo no pueden con la risa al ser ataviados con las toallas en la cabeza

Los cuatro ataviados con vestimenta Pa-O

Las mujeres de la aldea nos miran divertidas al ser vestidos con sus trajes tradicionales

Después de estos momentos en los que toda la aldea se deleitó al veros vestidas con sus trajes tradicionales, nos despedimos de la familia y emprendimos el segundo día de ruta.

Chiquillos a los que les dimos las gorras con su papa trabajando el bambú

Iván y yo posando en uno de los bonitos paisajes por los que pasamos

Así se cultiva el genjibre!

Chiles secándose al sol

Al mediodía llegamos a una aldea de la tribu Pa-O y como ya era costumbre, Sanmya pidió a una familia si podíamos cocinar y comer en su casa. Inmediatamente la casa se llenó de niños curiosos, no sólo los de la casa, sino los amigos y vecinos. Quitando los hombres que estarían labrando el campo, el resto de gente de la aldea se congregó en la casa y nos miraba curiosa. El hielo se rompió cuando Iván y Gonzalo empezaron a enseñar videos del ordenador a los niños y Alicia les mostraba videos de ellos mismos que había grabado previamente!

En la hora de la comida, el ordenador y la cámara captan la atención de los más pequeños

Yo entretanto, me fui a sentar con Sanmya a la habitación contigua que hacía las veces de cocina, donde ella estaba sentada con un grupo de mujeres y sus bebés. Los pequeños tenían la parte de abajo de la nariz y los labios agrietados por la sequedad, y nosotros les ofrecimos un poco de vaselina en un tarrito, para que la usaran en ese momento, pero también para que se la quedaran para más adelante. Además les ofrecimos algunas medicinas tipo ibuprofeno para el dolor de cabeza o de muelas. Lo que más nos marcó fue que la señora de la casa preguntó que cuanto nos debía, ya que no podía creer que de verdad le estuviéramos regalando algo tan caro, nos dijo. Nosotros le contestamos que era lo mínimo que podíamos hacer para devolverle su generosidad para con nosotros y en ese momento desee estar en España y poder comprarle a esta familia muchas de las cosas que para nosotros son de uso común, pero que a ellos les vendrían increíblemente bien.

Preciosa chica Pa-O cuidando al niño de una vecina

Al observar los carros tirados por bueyes, parecía como abrir una puerta al pasado

Como el día anterior, llegamos a nuestro destino justo después de la puesta de sol. Esta noche, nuestro alojamiento era el pequeño monasterio de Parktupork, en una aldea de la tribu Taung Tu, que acogía a los viajeros a cambio de un donativo. Dentro del monasterio, nos habían preparado una “habitación” con unas sábanas colgadas formando un pequeño cuarto. Era muy acogedor, todo iluminado con la luz de las velas, así que, aunque estábamos con un par de grupos más dentro del monasterio, nos sentíamos prácticamente a nuestro aire! Aunque lo peor era que la gente hacía hogueras dentro del monasterio, lo que llenó toda la estancia de humo y hacía difícil respirar por momentos! Después de cenar una de las deliciosas comidas que nuestro cocinero preparaba, nos retiramos a nuestro “cuarto” a charlar y beber unas cervezas, mientras estos se fumaban unos ricos puros birmanos que ya habíamos probado por primera vez la noche anterior!

Monasterio donde nos quedamos la segunda noche (al fondo se ven las “habitaciones”)

Monasterio de la segunda noche, a la mañana siguiente

A la mañana siguiente, nuestro cocinero nos preparó, con ayuda de Sanmya, un desayuno riquísimo que tomamos dentro del monasterio. Tras desayunar y recoger todo, nos pusimos en marcha para el último día de ruta. Nos despedimos de nuestro cocinero, que regresaba a Kalaw ya que había dado tuppers a Sanmya con nuestra última comida de la ruta.

Este tercer y último día se hizo algo duro debido al calor y a los terrenos secos y polvorientos por los que pasamos.
Uno de los momentos más agradables fue el encontrarnos con este árbol gigante bajo cuyas extensas ramas nos tomamos un pequeño descanso.

Hermoso árbol gigante donde hicimos una pequeña pausa

Finalmente, y tras atravesar un espeso bosque de bambú y pagar la tasa turística por entrar a Inle, llegamos al famoso lago! Y la primera impresión no pudo ser mejor! Después de haber estado en terrenos secos y polvorientos, la visión del agua azul y cristalina nos pareció el paraíso!

Llegada al Lago Inle!!!

Desde aquí queremos agradecer a Sanmya y a nuestro cocinero, cuyo nombre desafortunadamente no recordamos, por todos sus cuidados y atenciones hacia nosotros durante estos tres días. Gracias a ellos esta ruta fue una de las mejores experiencias que tuvimos en Birmania, y la única donde de verdad pudimos ver cómo viven los birmanos del entorno rural e interaccionar un poquito con estas encantadoras gentes.

Kalaw and Pindaya (25-27.02.12)

Tras trés días en Bagan, llegó el momento de trasladarnos a nuestro siguiente destino: el pequeño pueblo de Kalaw, desde donde comenzaríamos la ruta a pie de tres días hasta el lago Inle. Pero antes había que llegar a Kalaw, y el único autobus diario estaba lleno debido a la cantidad de turistas que había en Birmania en ese momento. Qué hacer? Bien, la simpática dueña de nuestro hotel de Bagan nos dijo que una buena opción era ir en autobus a un pueblo a mitad de camino (Meiktila) y desde allí montarse en otro autobús hacía Kalaw. Así que eso hicimos! El viaje en el primer autobus se nos dio bastante bien, aunque Gonzalo, Alicia e Iván no se encontraban muy bien del estómago debido a las comidas birmanas. Yo caí la primera en Mandalay, pero desde ese fatídico día, afortunadamente no había vuelto a tener problemas, y ya prácticamente comía de todo otra vez.

Cara de malitos

No obstante, al llegar a Meiktila, nos dimos cuenta de que no había autobuses hasta Kalaw, sino una especie de camionetas privadas que salían cuando se llenaban, y cuando digo se llenaban, quiero decir, se petaban hasta la bandera, porque eso significaba más dinero para el dueño de la camioneta, sin importar la seguridad y mucho menos, la comodidad de los pasajeros. En Meiktilá pasamos un mal rato debido a que teníamos la sensación de que todos nos querían timar con el precio del viaje, pero al final llegamos a un acuerdo y al cabo de una hora se llenó y salimos dirección a Kalaw.

Compañeros de viaje en la camioneta

Como anécdota, recuerdo que mientras esperábamos en Meiktila, a Alicia y a mí nos entró ganas de ir al baño y cuando preguntamos por el “toilet” a una chiquilla, refiriéndonos obviamente a algún baño público, ella nos indicó que la siguiéramos y nos llevó hasta su casa, invitándonos a usar su propio baño! Alicia y yo nos sentimos un poco avergonzadas porque era una familia muy humilde y vivían en la pobreza, pero no supimos rechazar la generosidad de aquella chiquilla y aceptamos. Me acuerdo que Ali y yo salimos alucinando de que la gente viviera con tan poco y en aquellas condiciones, y que aún así mostraran mucha más generosidad y amabilidad a los extranjeros que la que tenemos en Europa…

El viaje más incomodo y a la vez más divertido de nuestros cinco meses de viaje

Buscando alternativas para ir un poco más cómodo en la camioneta

Al principio en la parte de atrás de la camioneta eramos nosotros cuatro y una pareja con su hijo de pocos meses, pero poco a poco se fue llenando (la camioneta iba parando en el camino y recogiendo a más pasajeros) hasta que también se llenó la baca del techo de la camioneta. Aparentemente, en Birmania no es políticamente correcto que las mujeres se monten arriba, pero a mí no me importó y ya que la parte de abajo era bastante incómoda y claustrofóbica, fui allí subida una buena parte del viaje. Aún así, los pasajeros de la baca me recibieron amablemente y aunque ninguno hablaba inglés, nos comunicamos bastante bien con gestos y amenizamos mucho el viaje.

Las famosas sandias que se me antojaron

En una de las paradas, había gente vendiendo sandías debajo de un gran árbol, y se me antojó comprarles una. Al principio estos no querían comprarla porque no sabían con qué la íbamos a poder partir, pero afortunadamente, uno de mis compañeros de baca tenía un machete a mano y nos ayudó con la tarea. Y qué rica nos supo a todos la sandía, una de las más sabrosas que hemos probado! Por una vez y sin que sirva de precedente, mi cabezonería resultó en una buena idea!

Nuestro amigo el del machete

Disfrutando la sandía con todos los pasajeros de la camioneta

Finalmente llegamos a Kalaw cuando ya era casi de noche y completamente cansados, con lo cual, sólo salimos para ir a cenar a un restaurante que llevaba una familia india en la calle principal del pueblo y luego nos fuimos directamente al hotel a dormir.

Al día siguiente, Gonzalo se encontraba mal y Alicia decidió quedarse con él. Iván y yo, sin embargo, nos unimos a un par de coreanas que habían alquilado un coche para ir al cercano pueblo de Pindaya, donde ese día se celebraba el mercado rotatorio de cinco días – cada día el mercado va rotando de pueblo y se va celebrando en cada uno de los cinco pueblos principales de la zona.

El viaje entre Kalaw y Pindaya dura aproximadamente una hora y pasa por parajes bastante secos de colores terrosos, muy diferentes a los que vimos el día anterior entre Meiktila y Kalaw, con mucho valle, colinas y frondosa vegetación, sobretodo llegando a Kalaw.

Campiña seca entre Kalaw y Pindaya

Al llegar a Pindaya, nuestro conductor nos dio un par de horas para explorar el mercado, que a esa hora del mediodía estaba en plena ebullición!

Mercado de Pindaya, uno de los más interesantes que hemos visitado en Asia

El mercado nos encantó y nos pareció uno de los más activos, coloridos y auténticos de todo el sudeste asiático! El mercado se extendía por todo el centro del pueblo, y los puestos estaban tan cerca unos de otros que formaban una intricada red de estrechos corredores. Había muchísima gente, sobretodo señoras con la cara pintada con el tradicional maquillaje birmano, el thanakha, que se desenvolvían con soltura entre los puestos de fruta, verdura y pescado seco.

Vendedora del mercado de Pindaya

Frutas y verduras frescas, junto con pescado seco, son las estrellas del mercado de Pindaya

Las mujeres son las protagonistas del mercado

Además de quedar fascinados al ver tanta actividad y tanto recorrido, aprovechamos para comprar un par de cosillas que nos hacían falta, como chaquetas de segunda mano para Gonzalo e Iván, y sendos pijamas de franela, super típicos en Birmania, donde la gente hasta los usa para ir por la calle a veces, para Alicia y para mí. Yo quería que los pijamas fueran cuanto más horteras mejor, así que combiné una parte de arriba morada con una parte de abajo verde, ambas con dibujos de animalitos. Además, convencí a Iván para comprar una cestita de las que llevan en Birmaia las señoras para hacer la compra como souvenir para llevarnos a casa!

Con el pijama birmano

Cestitas birmanas

Tras el mercado, fuimos a visitar una de las cuevas más famosas de Birmania: las cuevas de oro de Pindaya. La entrada de las cuevas es ya impresionante de por sí, con un elevador de 60 pisos que te sube hasta la entrada, o bien una larguísima escalinata con tejados para proteger del sol para los peregrinos con más energía.

Entrada a la cueva de Pindaya

Las cuevas de Pindaya son famosas por la colección de estatuas de Buddha que albergan. Se dice que hay más de 8000 estatuas, aunque no creemos que haya un recuento oficial de cuantas hay exactamente. Lo que sí es verdad es que impresiona! Las hay de todos los tamaños, materiales (alabastro, madera, laca, etc), estilos y acabados, aunque predominantemente doradas. Si no prestas atención, no es difícil acabar perdido entre pasillos y pasillos llenos de Buddhas!

Entrada a la cueva de Pindaya

Miles de estatuas de Buddha en la cueva de Pindaya

Las estatuas de Buddha han sido donadas por todo tipo de personas y organizaciones, no sólo de Birmania sino también a nivel internacional. Los donantes tienen todo tipo de orígenes como este donado por el grupo de la lucha anti narcóticos de Tailandia.

Estatua de Buddha donada por el grupo de la lucha anti narcóticos del Gobierno de Tailandia

Si no me falla la memoria, hay un total de tres grandes cuevas en Pindaya. La segunda alberga a este gran Buddha de estilo Shan (tribú birmana) que se caracteriza por su elaborada decoración en forma de joyas y en el traje. Como curiosidad, este Buddha está acariciando a un pequeño elefante con su mano derecha.

Gran estatua de Buddha en la segunda cueva de Pindaya

Shan style Buddha estatue

Antes de volver a Kalaw, hicimos una visita a una fábrica artesanal de sombrillas de papel (un producto muy típico de Birmania, y bastante utilizado, sobretodo por los monjes). La visita fue muy interesante, ya que la simpática familia que llevaba la fábrica nos enseño el proceso completo de producción, desde la elaboración del papel hasta el montaje de las sombrillas y la decoración de las sombrillas ya casi terminadas. Las sombrillas se producen con materiales locales, de manera artesanal 100% mediante un proceso muy ingenioso y que funciona.

Proceso de elaboración del papel

Fabricación de las partes de madera de las sombrillas de papel

Ensamblaje de las últimas partes de las sombrillas

Simpática dueña de la fábrica artesanal de sombrillas de papel

Finalmente, regresamos a Kalaw para el atardecer. Iván se fue a descansar un poco al hotel, pero yo preferí darme una vuelta por Kalaw ya que nos marchábamos al día siguiente y sólo conocía la calle principal del pueblo.

Calle principal de Kalaw

Bueno, la verdad es que Kalaw es muy pequeñito y no tiene mucho que ver, pero gracias a la simpatía de la gente, como en el resto de Birmania, uno se siente muy a gusto y bienvenido. Lo primero que hice fue sentarme en una de las teterías del pueblo a beberme un té acompañado de uno de los famosos fritos tan típicos de estas teterías.

Casa de té en Kalaw

Menú típico de una casa de te en Kalaw

Después me di una vuelta por el mercado y compré unos frutos secos que a Iván le gustan mucho. Aunque ya era tarde y el mercado estaba casi cerrando, había un buen ambiente y tanto vendedores como compradores me dedicaban una sonrisa y los que hablaban un poco de inglés, enseguida intentaban entablar conversación conmigo. Eran todos encantadores!

Puesto de frutos secos del mercado de Kalaw

Justo antes de la puesta de sol, subí al monasterio que se situa en la parte más alta de Kalaw para disfrutar de las vistas del pueblo, antes de reencontrarme con Alicia, Gonzalo e Iván para ir a cenar.

Vista de Kalaw desde el monasterio